Reacciones Humanas (Historia)

Autor: Pedro Rebolledo

Ilustradora: Alba Aragón.

Todo había  pasado en muy poco tiempo, la llegada de los dioses antiguos, la fe en ellos había vuelto a crecer de manera exponencial; luego la aparición de dioses aún más antiguos que solo anhelaba la destrucción  de la humanidad, sin duda una serie de eventos que nadie podía haber previsto, mucho que procesar. Toda esta situación requería una respuesta global, así que en el seno de la ONU, se había creado una comisión especial para poder tratar directamente con los dioses, al mando de esta comisión un joven político, con una gran carrera por delante, el senador Muork.
Hasta el momento la comisión no tiene muchas preocupaciones ya que la mayoría de situaciones las tenían bajo control las divinidades; así que su único trabajo era intentar resguardar a todos los humanos que se podían ver implicados en los accidentes divinos. Pero llegado el momento los dioses solicitaron la ayuda de la humanidad, necesitaban tropas para asediar la fortaleza primigenia en la Antártida, fue deber de la comisión determinar de qué manera ayudar. Llevo días y días, todos los miembros de la comisión eran creyentes, no podían imaginar el resultado de sus decisiones, había una persona que no tenía nada clara esta colaboración, el senador Muork. A pesar de su reticencia, no había convencido a ningún miembro de la comisión a evitar una intervención directa por parte de la humanidad, el senador siempre creyó que esta era una guerra entre los dioses y que ellos mismo debían solucionarla. La moción salió adelante, la humanidad iba a participar en el asalto, los cascos azules serían enviados a las tierras heladas. Ese día el senador Muork se fue a su despacho, con el peso de la derrota en los hombros, sabía que con cada muerte de un casco azul, sería como una puñalada en el corazón.
LA batalla de la Antártida había sido una masacre, demasiadas muertes, los cascos azules habían sufrido una cantidad de bajas importantes. “tantas vidas perdidas en vano” pensaba el senador Muork en su despacho, antes de entrar a la primera sesión después de la batalla, sería un desfile de caras tristes. Poco antes, el senador recibió una llamada del presidente de los estados unidos, así como del jefe de gabinete y el responsable de relaciones diplomáticas de su país, habían decidido retirar el apoyo a los dioses pro humanidad, ya que colaborar con su causas solo había traído muerte. Como portavoz de su país debía transmitir la decisión de sus mandatarios ante la asamblea general de ONU como de la comisión especial. Por fin sintió un poco de apoyo por parte de su gobierno, su postura a pesar de ser anti dios, iba a vencer, a un alto precio. En el discurso que iba a pronunciar, solo tenía que hacer hincapié en los resultados.
Había llegado la hora, su discurso ante la comisión y la asamblea general iba a ser televisada, tal y como el resto de los ponentes. Era un momento crucial, ya que estaba en juego el apoyo de la humanidad a los dioses. El senador era uno de los últimos ponentes, debería haber sentido nervios, pero a pesar de su edad era un joven curtido ante las multitudes, además sentía que sus argumentos serían definitivos. Los anteriores ponentes habían pronunciado discursos de condolencia por las pérdidas sufridas, nadie se atrevía a decir que apoyaba abiertamente a los dioses. Era el turno del senador, su discurso fue totalmente inspirador, dejo claro que todas las vidas humanas que se habían perdido en esa batalla no habían servido de nada, y la humanidad no podía permitirse seguir apoyando a un bando que solo mira por sus propios objetivos. Terminado el discurso, bajo del estrado y se dirigió directamente a su despacho, aun había un par de ponentes más después del senador muork, incluso tenía que hablar el representante de los dioses. La votación se iba a llevar a cabo en un par de días, había cumplido con su trabajo.
De camino a su despacho, vio a su secretaria que se acercaba para comunicarle que un señor sin cita previa había aparecido para hablar con él. El senador con un gesto de cansancio asintió, y le dijo a su secretaria que dejara pasar al misterioso hombre.

  • Buenas tardes senador, no se levante – dijo el hombre misterioso
  • Buenas tardes, Sr… - respondió el senador
  • Puede llamarme Peter – respondió, a su vez le dejó una tarjeta y una carpeta marrón con al parecer una cantidad de papeles y fotos importante.
  • ¿Bueno y que os trae aquí, Sr. Peter? – preguntó el senador.
  • No vengo a robar tiempo ilustre senador, solo vengo a ofrecer mis servicios – respondió – hay una votación que ganar, solo tiene un par de días para obtener los votos que le faltan, que son muchos. USA ha sido el único país que abiertamente se ha posicionado en contra de los dioses, pero el resto de países no ha definido aún su postura. La fe tiene mucha fuerza aún, y yo puedo utilizar esa fuerza para ayudarle a ganar.
  • ¿Como? ¿Cómo sabéis eso? – atónito el senador.
  • Hoy en día la información es fuerza, y yo poseo un poco de información – respondió mirando al reloj – se que por esto su gobierno y muchos otros han mantenido vigilancia sobre mí, pero esto otro día lo hablaremos, ahora he de irme, el tiempo es oro senador y no se levante, sé donde está la puerta – se levantó de la silla – piense en mi oferta senador sobre la mesa, está mi tarjeta y curriculum.

Con un gesto se despidió el senador, el protocolo en estas reuniones estaba fuera de lugar. Pero Muork no pudo evitar pensar en las palabras del misterioso hombre. Y tenía razón solo él había mostrado una postura definida el resto de ponentes solo había lamentado las pérdidas.  La curiosidad fue demasiado fuerte, así que decidió ver el contenido de la carpeta, había una cantidad de fotos del individuo que fue a visitarle hablando con gente, esa misma gente protagonizando protestas, o incluso hablando con las divinidades. Realmente era una caja de sorpresas, el senador cogió la tarjeta y leyó “Peter F. consultor”, el senador dudó un momento, pero no pudo evitar ver que sus dedos ya estaban marcando el número de teléfono del individuo.

  • Senador Muork, dígame – respondió Peter
  • Contrato sus servicios, consiga esos votos – respondió sorprendido el senador
  • Estoy en ello senador – respondió Peter.

Dos días después, el día de la votación, el senador Muork estaba en su despacho sumergido en papeleo, y suena el teléfono, era su secretaria diciendo que un tal señor F estaba esperando, el senador dijo que hiciera pasar. Aún no sabiendo quien era esa persona. Se abre la puerta y reconoce a la persona, era Peter.

  • Buenos días senador, ya tengo los votos, la ONU decidirá retirar su apoyo a los dioses, espero que esté contento – dijo Peter.
  • Me alegro entonces, no hará falta perder más vidas humanas en vano- respondió el senador - ¿Cómo lo has conseguido tan rápido?
  • Información, fe, mis herramientas son las de cualquier persona, senador – respondió esbozando una sonrisa – en cuanto a mis honorarios…
  • Aún he de ver los resultados – respondió el senador.
  • Por eso no hay problema – dijo Peter, mientras cogía el mando de la TV del senador y la encendía, la votación estaba siendo seguida en todo el mundo.

Minutos más tarde, con la votación terminada, Peter se dirigió al senador

  • Victoria, aún un por un voto, pero victoria queda Senador – prosiguió el consultor – en cuanto a mis honorarios, me gustan las cosas a la antigua, un cheque al portador por favor.

El senador no podía salir de su asombro, lo había conseguido si bien de manera muy justa, pero el trabajo estaba hecho, la ONU había retirado su apoyo, oficialmente a los dioses, y todo gracias también a ese personaje que estaba en el despacho del senador.

  • Victoria, por fin – se levantó el senador, entregó el cheque al consultor y le dio la mano – gracias por tu colaboración.
  • Gracias a ti senador- respondió Peter – he de irme, pero antes te dejo esto – dejó un móvil en la mesa – para la próxima vez que requieras mis servicios, llama por este móvil.

Así es como la humanidad, aun con mucha reticencia, dejó de colaborar estrechamente con los dioses, al menos ahora no enviarían tropas si estos lo solicitaran. El senador se sentó, y quedó mirando la ventana, parecía todo muy tranquilo, pero en su interior sabía que en el futuro no se respiraba esa quietud.