Las Primeras Sombras 3º Parte (Historia)

Autor: Franky Lara

Ilustrador: Jonathan Pérez

Los tobillos fueron los primeros en romperse seguidos del resto de los huesos de los pies, más tarde cedieron las rodillas bajo el peso del gran tablón y continuaron poniendo piedra sobre piedra en la plancha de madera.

  • Más peso -gritó Giles-.

Hacía horas que la sensibilidad había desaparecido, únicamente sentía un gran dolor… su localización era imposible de determinar, simplemente padecía un sufrimiento generalizado, inconmensurable y agónico.  Sabía sin miedo a equivocarse que sus pies ya debían de ser una masa sanguinolenta de carne aplastada y huesos pulverizados.

  • Más peso -volvió a gritar Giles-.

Los hombres, exhaustos tras más de veinticuatro horas cargando piedras sobre aquella plancha de madera, se miraron sorprendidos entre ellos y volvieron a turnarse, ¿por qué no confesaba su culpabilidad aquel maldito anciano? 
La respiración cada vez era más costosa debido a la presión sobre el pecho que ejercía la tabla, parecida a la hoja de una puerta, sobre la que iban depositando rocas. Pasadas las treinta y seis horas el acusado de ochenta años tenía la cabeza parcialmente enterrada en el suelo. La deshidratación y la tierra que le entraba en la boca eran el menor de sus problemas.

  • Más peso -fueron sus únicas y últimas palabras- cuando después de dos días de tortura bajo el “peine forte et dure”, sus costillas fracturadas por el peso atravesaron sus pulmones.

Junto a los hombres que se habían turnado intentando arrancarle una confesión a Giles Corey, sólo una persona había estado presente desde el inicio hasta el final, una anciana encorvada vestida con ropas pardas, era la única de entre los testigos que permaneció impertérrita durante los dos días.   Cuando finalmente el anciano expiró, la vieja se dirigió al calabozo donde estaba retenida la recién enviudada Martha.

  • ¿Ya sabes lo que hay que hacer? -La voz de Martha no mostró la más mínima aflicción al enterarse de la noticia, ni siquiera se giró, permaneció impasible de espaldas a los barrotes-.
  • Estoy al corriente de todo. -La anciana encorvada de marrones y raídos ropajes miró a su hermana detenidamente. -En dos días partiré hacia Arkham y tú serás ejecutada. Tus protegidos ya están disponiendo sus viajes, Hutchinson y el vampiro parten hacia Europa y Curwen se dirige a Providence; Orne aun necesita tiempo para poder abandonar sus dominios. -Se tomo una pausa y prosiguió-. Sabes que puedo sacarte de aquí...
  • Basta Keziah, conoces las órdenes -la mirada de Martha estaba perdida en algún punto más allá de la ventana de barrotes-.

Dos días después la multitud se agolpaba frente al cadalso, todos los congregados guardaron silencio cuando la acusada, el verdugo y el magistrado local designado por el tribunal de Oyer and Terminer del condado de Essex hicieron presencia.

  • ¡Ciudadanos de Salem! -Comenzó el magistrado-.  -Nos hayamos aquí hoy, 22 de septiembre del año de nuestro señor de 1692, para hacer cumplir la sentencia impuesta por el tribunal a Martha Corey por negarse a declararse culpable.

La gente empezó a maldecir y aclamar a la anciana que ya estaba con la soga al cuello.

  • No obstante -prosiguió el magistrado-.  La bondad de nuestro rey no conoce parangón, y si la acusada decide retractarse de su anterior declaración y admite su culpabilidad, será encarcelada y podrá expiar en prisión sus crímenes y pecados.  Así pues, Martha Corey, ¿cómo te declaras ante la acusación de brujería?

Los ojos de la acusada escrutaron las caras de los congregados, vio a sus vecinos y amigos, vio a su hermana Keziah oculta bajo sus pardas ropas, distinguió también a Simon Orne y finalmente entre la multitud encontró a quien llevaba años buscando, un hombre de piel y ropa negra, no un esclavo; sus facciones no eran africanas y su color era el del azabache. Martha consiguió ver a través de su máscara y sonrió.

  • ¡¡¡Soy inocente!!! -gritó Martha con la mirada totalmente desprovista de lucidez, centrada en un vacío entre la multitud.
El magistrado asintió apesadumbrado al verdugo y éste golpeo el taburete en el que estaba subida la rea, dejándola colgando del cuello hasta morir, cosa que no ocurrió hasta pasados veinte minutos en los cuales Martha no dejó de mirar al vacío con una macabra sonrisa dibujada en su cara.
 

 
 
 

  • Keziah Mason, ¿cómo te declaras? -La voz del magistrado de Arkham rememoró recuerdos dolorosos transcurridos apenas hacía un mes-.

La anciana encorvada sujetó contra su pecho a una diminuta y peluda rata de largos colmillos y con una larga uña empapada en su propia sangre empezó a dibujar unas extrañas líneas en las paredes del interior de su celda.

  • Me declaro culpable de los cargos de brujería y también confieso que sirvo al Hombre Negro y que mi nombre secreto es Nahab. -Dicho lo cual tanto la bruja como su extraña mascota desaparecieron dejando al magistrado y al carcelero totalmente perplejos-.

El viernes 13 de abril de 1928, una encorvada anciana, vestida con harapos de color marrón, se apoyaba en la pared de la clínica de salud mental del doctor Waite, sita en la isla de Conanicut cuando el doctor Marinus Bicknell Willett entró con paso decidido en el manicomio. El Hombre Negro bajo los tobillos del cual jugueteaba una pequeña y peluda rata con barba, señaló una ventana del sanatorio a sesenta pies de altura donde sin duda estaba internado el demente conocido como Charles Dexter Ward. No había pasado media hora cuando los perros de las cercanías empezaron a ladrar, inducidos por un blasfemo encantamiento que procedía sin lugar a dudas de aquella ventana abierta.

OGTHROD
AI'F GEB'L-EE'H
YOG-SOTHOTH
'NGAH'NG
AI'Y ZHRO

Unas cenizas azuladas salieron por la ventana y a una silenciosa orden del Hombre Negro, fueron a parar a una vasija en forma de lekythos que sostenía la bruja. Cuando salió el doctor Willet no había en la bahía ni rastro del Hombre Negro, ni de la bruja ni de la rata.
 

 
 
El 30 de abril de 2013, mientras los gobiernos aún intentaban desmentir lo evidente y el mundo era sacudido por apocalípticos desastres naturales, Brown Jenkins, como habían apodado los habitantes de Arkham  a la peluda y diminuta mascota con forma de rata y manitas y cara humana, con larga barba y afilados y amarillentos colmillos, correteaba nerviosa por entre las paredes de un viejo y abandonado bungalow de Pawtuxet, en Providence.  La víspera de mayo siempre llenaba de excitación al extraño y diabólico roedor.  Mientras, una joven de cabello lacio no carente de belleza pese a sus marrones y desgastadas ropas, ultimaba los preparativos para la noche de Walpurgis, acabando de dibujar  unas extrañas líneas con la sangre de un recién nacido sacrificado e iniciando el cantico:

Y'AI
'NG'NGAH
YOG-SOTHOTH
 H'EE-L'GEB F'AI
THRODOG
 UAAAH

Al finalizar el terrible encantamiento, una nube de polvo azulada comenzó a brotar de un recipiente de plomo alto y sin asas. La bruja permaneció a la espera junto a su mascota hasta que una figura se materializo tras la nube, un hombre de mediana edad con una cicatriz sobre el ojo derecho y una repulsiva mancha negra sobre el pecho.

  • ¿Cuánto tiempo ha pasado? -preguntó el recién aparecido con voz ronca y apagada-.
  • Setenta y cinco  años Joseph, la Llegada de los señores de mas allá de las esferas esta pronta. El Hombre Negro requiere nuestros servicios.
  • Ya veo, te noto cambiada…, has rejuvenecido, ¿dónde están  Orne y Hutchinson? -se interesó Joseph Curwen-.
  • Murieron; algo les dio caza en Praga y Transilvania. No quedó nada y el inglés de ojos cambiados tiene nuevos amigos. En cuanto a mi aspecto...-continuó Keziah al tiempo que acariciaba su juvenil figura- el Hombre Negro sabe recompensar a sus fieles súbditos.
  • Apuesto a que sí -dijo Joseph sarcásticamente mientras observaba a Brown Jenkins, la pequeña rata con cara humana y barba-. ¿Esta no es Martha?-El pequeño y peludo ser lanzó un agudo chillido a Curwen y se refugió tras los tobillos de su hermana.

 

  • Cuidado Joseph, conozco la fórmula para deshacer el hechizo que te mantiene con vida, no juegues conmigo -amenazó la bruja-.

-         Descuida Keziah, me temo que tengo otros asuntos que atender para preparar la Llegada. Y por cierto, si hay alguien que ha estado cazando a los de nuestro grupo, mejor llámame Charles, me caía bien ese chico -rió malignamente el oscuro hombre recién invocado-.