Las Primeras Sombras 2º Parte (Historia)

Autor : Franky Lara

Ilustrador : Javier Santamaria

El decrépito anciano maldecía para sus adentros mientras aguardaba la llegada de su pupilo.  Hacía ya mucho que su gloria y su belleza se habían desvanecido, dejando apenas una sombra postrada en su sofá; cuando se abrió la puerta por fin, un destello de la fuerza de su juventud brotó de su garganta.

  • Maldito seas Jacques, ¿dónde diablos has estado?-La ira que acompañaba sus palabras fue suficiente para que cambiara el semblante del joven que acababa de cruzar el umbral-.
  • He estado por ahí, ¿qué sucede?-El apuesto íncubo, tras un segundo de temor, recobró su porte altivo-. ¿A qué viene esta clase de recibimiento?
  • Contesta a mi pregunta Jacques, odio que me hagan perder el tiempo.-Continuó malhumorado el vejestorio, intentando mantener su autoridad-.
  • Está bien, está bien… he estado con la viuda Winslow.-Admitió finalmente Jacques-.
  • ¿Sabes qué día es hoy maldito fornicador? -Preguntó el anciano escupiendo cada sílaba de la última palabra-.
  • No lo sé Vlad, ¿miércoles?
  • No creo que quieras verme enfadado Jaques.-Amenazó Vladimir mientras se levantaba del sofá con ayuda de su bastón. No es que representase ninguna amenaza físicamente, pero un enorme terror afloró en Jacques ante la fría mirada del más antiguo de los íncubos.
  • Perdonadme señor Vladimir, hoy es 31 de octubre de 1691, noche de difuntos y víspera de todos los santos.-Sollozo Jacques mientras se postraba en el suelo-.
  • Así es maldito lamehigos, como serás capaz de recordar, esta noche se requiere mi presencia en la cabaña de Hutchinson, así que prepara el carro antes de que me replantee escoger a otro pupilo.-Escupió Vladimir mientras pasaba cerca de Jacques para coger su abrigo, no sin antes clavar la punta de su bastón en la nuca del arrodillado-.
  • Inmediatamente mi señor.-Logro articular el desdichado joven, mientras olía el hedor de su propia carne quemada. Se levanto en cuanto el bastón de Vladimir dejo de lacerar su piel y corrió presto a preparar el carruaje.

Aquella noche fue distinta a todas las demás.  No por las luces de colores que brotaban del interior de la cabaña de Hutchinson, ni por los horribles gritos y entonaciones que llegaban a sus oídos, últimamente Jacques solía acompañar a su señor hasta la granja de los Corey o en raras ocasiones a la cabaña Hutchinson. El viejo ya estaba en las últimas y necesitaba del carruaje para desplazarse, Jacques debía aguardar en la calle hasta  que finalizasen sus sesiones para traer al anciano de vuelta, daba igual que hiciese frio o lloviese, lo trataba como a un criado, peor aún, como a un esclavo. Si no fuese por el bastón y por la promesa…, pero pronto acabaría todo; el extraño de ojos azules iba a proporcionarles la inmortalidad y Vladimir le había prometido que él sería el primer íncubo al que le transmitiría el don.
 Había aguantado durante seis largos años en aquella puritana ciudad llena de estrechas y frígidas, cuidando y complaciendo al viejo, y por fin tendría su premio y su venganza.  El extraño había pedido como pago final el antiguo bastón de Vlad, sin él no sería más que un saco de piel arrugada y huesos encorvados, por muy inmortal que fuese. Al viejo no le había hecho gracia tener que desprenderse de su preciada arma con la que había sometido a los demás íncubos y súcubos durante siglos, pero finalmente había accedido. El joven de la gabardina negra se lo había puesto en bandeja…, en cuanto el viejo cumpliese su promesa le arrancaría la cabeza de cuajo.
Cuando despuntó el alba, las luces y los canticos cesaron. Sí, aquella noche había sido especial, aquella noche había sido la última. La mañana había tardado en llegar, como si el poder del hechizo invocado hubiese retenido la salida del sol.  La puerta de la cabaña se abrió, el primero en ser iluminado por la luz del amanecer fue Orne, su aspecto no había cambiado, pero mostraba una sonrisa de triunfo, el hechizo obrado en él y en los demás los mantendría inalterables durante el resto de la eternidad; detrás lo siguió Curwen, con el mismo aspecto de siempre seguido del extraño con gabardina negra que empuñaba el bastón del viejo.  Algo había cambiado en él, tenía algo en su mirada, sus ojos, más concretamente el izquierdo, se había tornado de otro color, verde, un verde enfermizo; el hechizo obrado en él había sido diferente, tenía sus ventajas ser el maestro de ceremonias.  Finalmente apareció Hutchinson y cerró la puerta de la cabaña tras de sí.

  • Tu señor ha pedido que le esperes, tardará en salir, se encuentra indispuesto ahora mismo.- Fueron las palabras del joven de barba rojiza con un ojo de cada color.- Debes vigilar que nadie entre en la cabaña, ni siquiera tú; la magia operada en él ha requerido de un mayor coste, pues podrá ser traspasada a los de tu linaje.

Los cuatro hombres, como cuatro sombras, se alejaron de la choza dejando solo a Jacques.  Bien, mejor sin testigos, así podría acabar con el viejo allí mismo.
Jacques se entretuvo el resto del día tumbado en el carro pensando en cómo llevaría a cabo su plan, las horas pasaron lentamente mientras añadía detalles para torturar al viejo, él también le haría esperar antes de matarlo. Para cuando se ocultó el sol, Jacques había decidido que no lo mataría allí mismo, necesitaría intimidad para todo lo que quería hacerle a Vlad.
La puerta de la cabaña finalmente se abrió y Vladimir salió al porche abrazado por la oscuridad, parecía más alto. Jacques cogió un farol y se acercó  para ayudar al anciano sin bastón a llegar hasta el carro. Cuando llegó hasta el porche de la cabaña, la luz alumbro a Vlad dejando a su pupilo petrificado. Era un hombre diferente el que aguardaba bajo el alféizar. Era el mismo que ya había visto Jacques en un castillo de Transilvania, el mismo que estaba pintado sobre un lienzo y que representaba a Vladimir… ¡en 1461! ¡Volvía a ser joven!
 Vladimir le sonrió mostrando sus prominentes colmillos.