La venganza del Trebol (Historia)

Autor : Javier Góngora

Ilustrador: Héctor Herrera

A medida que iba adentrándose en el bosque veía más rastros de animales muertos. Cernunnos estaba consternado. << ¿Cómo puede ser que no haya podido evitar esto antes?>> Se preguntó.
Cernunnos, el dios celta de los animales, tenía el tamaño de un humano con una gran envergadura. Llevaba un yelmo con astas de ciervo y una gran capa de color verde primaveral.
 
Durante los últimos meses, se habían puesto de moda torneos de grupos de cazadores furtivos que se hacían llamar "Selección Natural". Bajo la idea de actuar como dioses que purgan el mundo de los seres más débiles, los cazadores recorrían el mundo dando caza a animales en peligro de extinción y competían por ver quien cazaba el más grande, pesado y con más riesgo de extinción.
 
<<Tengo que dar con ellos y detenerlos como sea. >> pensó. Su afán por salvar aquellos animales no era un simple capricho, pues era su deber protegerlos.
 
Siguió el rastro de cadáveres durante varias horas. En esta ocasión el animal escogido para dar caza era el lince ibérico. A parte de varios linces que no daban la talla para ser sus trofeos de caza, también yacían todo tipo de animales. En un momento se paró y vio a un animal que no estaba muerto. <<Si aún está vivo, es que deben estar cerca. >> pensó. Momentos después el animal pereció. De repente, oyó el silbido de una bala que rozaba su oreja.
 
-Casi le das, ¡ese ciervo tiene que ser gigante! -Se oyó de fondo.
-Al siguiente no fallo. -Se oyó otra voz que contestaba mientras cargaba otra vez el rifle.
 
Cernunnos se giró y vio a uno de los cazadores no su ayudante atravesando la maleza hacia él.
 
-Pe… Pe… ¡Pero si es una persona! -Dijo el cazador.
-Sí. Casi matas al friki ese que va con un casco de ciervo. -Ambos humanos empezaron a reírse a carcajada limpia.
 Cernnunos, cegado por la ira, se lanzó a por ellos. No llevaba ningún arma, pero tan sólo con su fuerza se bastaba para partir en dos a cada humano.
 
La visión de la carga del dios celta ahogo las carcajadas de aquellos humanos. -¡Cuidado! ¡Viene a por nosotros! -Exclamó el ayudante.
 No faltó tiempo para que el cazador intentase cargar el arma otra vez. Tardó unos segundos más de lo normal en cargarla ya que el miedo lo hizo que no atinase a la primera al introducir la bala.
 Cuando se dispuso a levantar el arma, una enorme presencia apareció de entre los arbustos y en un abrir y cerrar de ojos, ambos humanos yacían en el suelo muertos, sin haber derramado ni una gota de sangre.
 Cernunnos entonces reconoció al ente que le había salvado la vida.
 -Dagda... Muchas gracias por salvarme, creía que era mi fin.
 -Tranquilo, tu hora aún no ha llegado.
 
  Después de oír aquello, Cernunnos se paró a pensar un rato.
-Después de tanto tiempo, si has venido a por mí es con alguna finalidad, ¿verdad?
 -Sigues siendo tan hábil como siempre. Ahora debes venir conmigo, tenemos asuntos que tratar.
 -Lo siento, no puedo ir contigo ahora. Tengo otros asuntos de que ocuparme...
 -No te preocupes. He buscado y acabado con la mayoría de los cazadores que están participando en este macabro torneo. Estarán un tiempo ocupados en investigar que ha sucedido. Y, también, he devuelto a la vida a todos los animales que han muerto.
 Dagda le enseño el arma que llevaba en la mano derecha. En ese momento, Cernunnos recordó el poder de esa arma. <<El arma con dos superficies. Solo con tocarte con una de ellas, te puede quitar la vida sin el menor signo de violencia, mientras que con la otra superficie puede devolver a la vida a cualquier ser muerto. >>
 -De acuerdo, iré contigo. -Respondió. -Al fin y al cabo si te has tomado la molestia de venir a por mí es que quieres algo importante. Y como compañero tuyo mi deber es ayudarte –Concluyó.
 -Pues sígueme, no nos conviene perder más tiempo. -Dio media vuelta y desapareció entre la maleza.
 Unas horas más tarde, y después de recorrer varios centenares de kilómetros, llegaron al punto de reunión. Estaban en una casa irlandesa cerca de Stonehenge. La casa era de madera, con dos plantas y un enorme jardín verde.
Allí aguardaban tres dioses más: Belenos, dios de la luz, Morrigan, diosa de la muerte y Angus, dios del amor.
 -Compañeros, ya estamos todos. Os preguntaréis porque estamos solo nosotros cinco aquí, ¿no?
Los demás asintieron.
 -Sois los unos de los pocos dioses celtas a los que he podido encontrar después de tanto tiempo en el olvido y en los que puedo confiar. A todos los demás les perdí el rastro hace tiempo, o no creo que puedan darme una respuesta sin argumentos. Os he convocado porque he notado que se está alzando un poder terrible, similar al que nos arrasó la última vez. Espero que vosotros también lo hayáis notado. Y también espero que decidamos qué partido tomar y qué hacer en esta ocasión. Preveo una 2º Gran Guerra.
 Tres de ellos asintieron con la cabeza. Uno de ellos, Belenos, contestó:
 - Yo no solo he notado su presencia, sino que también los he visto. -Se hizo un silencio sepulcral.
-Son como antaño, criaturas monstruosas, con un poder sin igual... han vuelto, o han despertado.
 -Lo sé, compañero. Amaterasu ya me ha pedido una reunión seguro que ha movido hilos para que no pase como la última vez. Y me dará mil excusas para que la ayudemos.
Esperó a ver cuál era la reacción de sus compañeros, pero no vio más que miradas de odio y rencor. Nadie había olvidado que Amaterasu dejara que los Primigenios capturasen a muchos de sus compañeros, de Atlantes y de dioses de otras mitologías a cambio de no arriesgar su vida. Así lo veían ellos. Muchas familias raptadas y selladas bajo símbolos arcanos. O trasladadas a donde fuera que pertenecían esos seres estelares.
–Mi intención es tomar la venganza que nos toca sobre Amaterasu, por su actuación, y por dejarnos de lado la última vez que nos atacaron los Primigenios. Somos tan buenos y necesarios como los representantes que eligió para su consejo de la Gran Huida -
 -Lo siento, pero yo no voy- respondió Morrigan.
 Los cuatro demás dioses se sorprendieron. Nadie dijo nada, esperando a que diese una explicación.  Nadie solía rechazar una sugerencia de Dagda.
 -Desde que luchamos la última vez, he estado vagando por varios lugares sin usar mis habilidades. Estoy desentrenada y mis poderes distan mucho de aquellos que pudiese tener antaño.  Mi actitud hacia la guerra ha cambiado. Creo en eso que los humanos llaman la paz mundial y no promover la violencia.
 -Tienes que venir. -Respondió Belennos. Si nos separamos no podremos contra ellos, Amaterasu nos considera una familia inferior.
 
-Sé que mis poderes son necesarios, pero si caen en manos equivocadas puede ser el fin de la Tierra... -Respondió Morrigan. -Necesitaría tiempo para recuperarlos, he querido olvidar tanto....
 -Entiendo -dijo Dagda. -Mi intención no es actuar de inmediato. Primero quiero esperar a ver cómo evolucionan los acontecimientos. Si así es más de tu agrado, yo mismo accederé a entrenarte este tiempo. –Propuso.
 Morrigan dudó durante un rato. Iba a ser un entrenamiento duro, y no solo por el hecho de tener que volver a recuperar el nivel de antes. Recordaba que los entrenamientos de Dagda eran difícilmente aguantables. Pero, después de todo, las ganas de hacer pagar a Amaterasu por sus actos pudo con cualquier síntoma de duda:
 -Si es así, adelante con el plan.
 Dagda espero unos segundos para proseguir. Vio en las caras de sus compañeros la determinación que temía no encontrar para llevar a cabo tal misión. Entonces, lleno de orgullo prosiguió con el plan.
 -Esperaremos a que ellos actúen, y cuando hayan acabado con estos seres, acabaremos nosotros con Amaterasu y con quien se interponga con nosotros. Los demás Celtas estarán de nuestra parte si nosotros aceptamos la misión.
 Los cuatro dioses restantes festejaron este anuncio como si hubiesen ganado ya la guerra.
-A partir de ahora nos dividiremos para encontrar a nuestros compañeros y fortalecernos para la victoria. Yo iré con Morrigan para asegurarme de entrenarla para que recupere sus poderes y habilidades. Vosotros tres podéis ir juntos o ir por separado, como más os guste. Despertad a los druidas, reforzar vuestros héroes, alentar a vuestros hermanos. En unos meses nos volveremos a reunir aquí, así que preparaos. Mientras yo tratare con la traidora Sol. Ha llegado nuestra hora. 
 

Comments

Buenas!!! Enhorabuena Javier Góngora por este magnífico relato, bien escrito y con una trama que engancha un montón, espero que te lo sigas currando así de bien, haces honor al escritor con el que te apellidas :D. Por su puesto también felicidades a la gran ilustración y al ilustrador Héctor Herrera, te sales!!