La Orden y el Desollado 2º parte (Historia)

Autor: Sergi De la Fuente

Ilustrador: Javier Santamaria Carpio

Malkaws notó como se abría una grieta en las afueras y como una poderosa fuerza surgía de ella, pero el daño ya estaba hecho. A su alrededor, una antinatural e intensa lluvia de agua oscura y salada estaba empapando toda la ciudad, y los innumerables sacrificios se estaban levantando otra vez en forma de híbrido entre hombre y pez. En el dentro de la ciudad el aire era mas denso, y una espesa bruma cubría todos los edificios, pero fijando la vista uno podría jurar ver unos edificios con una arquitectura de principio de siglo. Lentamente, el centro de Alvarado se estaba transformando en una antigua Innsmouth, y esta magia transformadora estaba afectando también a todos los habitantes. Malkaws, totalmente fuera de sí, comenzó a reír de forma histérica mientras azuzaba a las bestias a repeler a los invasores, mientras el seguía adelante con el ritual que transformará esta mísera ciudad en un bastión para su señor.
 
 
 
Xipe-Totec se detuvo un segundo justo en la entrada de la ciudad. Como había podido suceder esto? Notaba como parte de la ciudad ya no era la que debería ser, pero el ritual todavía no había acabado, con lo que todavía había una posibilidad. Sentía la presencia de un mortal invocando las fuerzas oscuras para terminar con esta macabra metamorfosis. Cerca de su posición, se podían escuchar ya los lamentos de las bestias que antes fueron su gente.
 
- Tzilmiztli. En el centro de la ciudad esta el causante de esto, el hechizo todavía no ha terminado, así que quiero todas la tropas abriendo una brecha hasta allí... quiero desgarrar con mis propias manos su corazón aún palpitante, mientras ve con sus ojos como expulsamos de esta tierras las tinieblas que ha sembrado. Haced todos los prisioneros que queráis para los sacrificios, pero no quiero una alma viva en esta ciudad tras nuestra marcha. Lo has entendido?

- Sí mi señor.

El comandante se giró hacia sus tropas, todos excelentes guerreros con entrenamiento militar antes de volverse a poner bajo la antigua disciplina marcial de sus antepasados. Levantó lleno de orgullo su macana de madera con puntas de obsidiana y dio la orden de marchar. Trescientas gargantas gritaron mientras las tropas aztecas irrumpían en la ciudad. La batalla había empezado.
 
Cuando se encontraron con sus enemigos, los aztecas pudieron comprobar como las criaturas poseían una fuerza y resistencia mayor a las de un hombre común, pero su movimiento parecía algo torpe y estaban desorganizadas. Las tropas aztecas, sin embargo, se abrían paso desmembrando todo lo que se cruzaba en su camino. Los guerreros jaguar eran especialistas en combate cuerpo a cuerpo y despachaban sin demasiados problemas a sus oponentes y los guerreros águila se escabullían en la avanzadilla para emboscar a grupos desprevenidos de forma eficiente. Pero como más se acercaban al centro de la ciudad el creciente número de engendros hizo aumentar las bajas aztecas. En el centro de la batalla, Xipe-Totec hacía volar por los aires a sus oponentes con los golpes que profería con su vara a la vez que detenía con su escudo los violentos ataques de los monstruos, mientras que a su lado Tzilmiztli danzaba entre sus adversarios haciendo volar cabezas y extremidades cercenadas con una precisión exquisita. Aún así, su avance se detuvo a un par de kilómetros del centro ya que donde caía uno, aparecían dos para ocupar su lugar, al parecer la conversión de la población había sido mucho mas profunda de lo que habían calculado.
 
El dios, con sus tropas totalmente rodeadas y consciente de que no podrían seguir avanzando así, inspiró profundamente con la boca para soltar segundos después un una nube pestilente de color grisáceo que envolvió todo lo que tenía alrededor en una treintena de metros. Los hombres pez pudieron ver como toda su carne que había sido expuesta a la bocanada del dios enfermaba y se deshacía a simple vista. En pocos segundos, delante de  Xipe-Totec y de sus soldados se extendía un manto de cascaras grisáceas.
 
Los aztecas aprovecharon este momentáneo respiro para recomponer sus filas y resguardar a sus heridos para que fueran atendidos por unos pocos sacerdotes que habían partido con el destacamento, pero lentamente sus macabros adversarios volvían a acercarse dispuestos a no darles mucho tiempo para respirar. Toda la ciudad se les echaba encima, y en el último censo la población de Alvarado se contaba en un par de decenas de millares. Pero el señor desollado y sus tropas no se dejarían vencer tan fácilmente y ellos tenían aliados que sus enemigos harían bien en temer. Xipe-Totec clavó su bastón y su escudo en el suelo, juntó las manos y en sus muñecas aparecieron unos fantasmagóricos grilletes verdes. Después de pronunciar unas palabras cuya lengua no comprendieron sus seguidores, golpeó con las palmas en el suelo. Después de unos eternos segundos de silencio, en el que la incertidumbre de las tropas aztecas crecía y solo se escuchaba el monótono lamento de los antiguos habitantes de Innsmouth que se estaban acercando, un terremoto sacudió la tierra y partió el asfalto de la calle en dos. Lentamente un gigante de roca estaba emergiendo de la tierra, con unos grilletes en cada mano iguales a los que tenía Xipe-Totec. El gigante, con la estatura de un edificio pequeño, sometido a la voluntad de su nuevo señor, empezó a castigar las líneas enemigas de forma lenta pero implacable, aplastando-las bajo sus pies o destrozándolas con sus puños. Ahora, con el titan de roca abriendo paso, la fuerzas de los mexicas volvía a avanzar hacia el corazón de la tormenta.
 
 
 
La fuerza de los mexicas estaba avanzando a un ritmo preocupante, y el “dios” azteca estaba siendo mucho mas poderoso de lo que habría imaginado. A este ritmo, llegaría al centro del ritual a tiempo para impedir que finalizara la transformación y el portal no era todavía lo suficientemente grande como para llamar a algo que le pudiera hacerle frente. Muy a su pesar y bajo la mirada preocupada de Guillermo, Malkaws bajó los brazos y detuvo la invocación. Guillermo, preocupado y sin entender que estaban a punto de perder esta batalla se acercó desconcertado.
 
- Pero porqué paramos amo? Invoca a mas señores de lo profundo, darán cuenta de esos herejes y su falso señor. Donde esta nuestro señor Cuthulku? Tiene que hacer algo, tiene que ayudarnos a liberarnos de estos desgraciados.

Malkaws, harto ya de su palabrería y escuchando los pasos del gigante acercándose cada vez más, agarró a Guillermo con la mano derecha y lo acercó hacia sí, mientras que con la izquierda le clavaba su daga en medio del esternón.

- Maldito ignorante, crees que uno de los grandes antiguos le importan unos mortales como nosotros, que son incapaces de llevar a cabo esta invocación? No mereces la sangre que corre por tus venas... pero yo le daré un mejor uso.

Con la daga empapada en la sangre de su ayudante, el loco invocador volvió a dirigirse a la tormenta, pero el cántico había cambiado, la niebla transformadora parecía menguar, pero la tormenta estaba arreciando. En pocos segundos, un viento huracanado había rodeado el edificio donde se encontraba, y ya era casi imposible saber que estaba haciendo.

 
Estaba notando como la fuerza de la transformación estaba menguando, pero la tormenta estaba aumentando de intensidad, y no sabía que se proponía su enemigo. Decidido a acabar con esto de una vez, el dios azteca se lanzó en solitario hacia el edificio protegido por la tormenta. A los pocos metros de empezar la carrera su velocidad se fue reduciendo hasta dar lentos y pesados pasos, mientras que con su escudo se protegía de los cascotes que los vientos habían arrancado y arrojaban contra el. Algunos, del tamaño de un humano, le hacían detenerse durante medio segundo, pero nada lograba detener por completo al señor desollado. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, Xipe-Totec consiguió atravesar por completo la tormenta, dio un par de zancadas para coger impulso y saltó los dos pisos de altura del edificio hasta la azotea. Desgraciadamente, solo llegó tiempo para ver como una figura envuelta en una desgarrada túnica desaparecía entre las violentas ráfagas de la tormenta... y la pesadilla cesó. En un par de segundos la intensa lluvia que no había dado cuartel desde que llegaron cesó, y la niebla desapareció por completo, dejando a la vista un panorama singular.
 
En varias manzanas a la redonda todos los edificios que se veían habían sido totalmente transformados en construcciones de Innsmouth, y emanaban una aura inquietante que envenenaba la mente y marchitaba el alma. Había conseguido detener la transformación, pero parte de la ciudad estaba perdida mas allá de cualquier intento por regenerarla. Aunque muchos de sus habitantes estaban volviendo a su estado normal, su alma y su carne habían estado tocadas, y no podía permitir que estos pobres mortales deambularan por el mundo. Solo Quetzal sabía que peligros guardarían en su interior, e incluso si su hermano le asegurase que no existía peligro no estaba dispuesto a correr ningún riesgo... Entonces reparó en el cuerpo que yacía a sus pies, pensaba que era el cadáver de un sectario de ese hombre, pero al parecer estaba vivo, malherido, pero vivo. El dios se acercó al pobre desgraciado y con un pensamiento le cerró la herida del pecho. Con la ciudad (o parte de ella) de vuelta a la normalidad, Xipe-Totec mandó a sus hombres salir de la ciudad y dar muerte a cualquiera que intentase abandonarla.
 
Cuando salieron de la cuidad, con las calles anegadas en sangre y un número considerable de prisioneros, las fuerzas aztecas habían perdido la mitad de sus efectivos,y Xipe-Totec lamentó durante unos segundos la muerte de cada uno de ellos, deseando que su hermano azul los considerase dignos para que pudiesen reencarnarse en el paraíso. Una vez finalizados los honores a los caídos, Xipe-Totec dirigió la mirada hacia el bulto lloroso que yacía a sus pies. Guillermo, incapaz de moverse debido al miedo y los pantalones mojados por la misma razón, miró con ojos temblorosos el rostro cadavérico del ser divino. Este, lo agarró con la mano izquierda por la cabeza y lo puso de pié en frente suyo. Le llegaba a la cintura.
 
- Tu... necio mortal, con tu sangre ayudaste a crear esto...y con tu carne me ayudarás a destruirlo.

Xipe-Totec, en un rápido y preciso movimiento, introdujo su mano derecha en el pecho del pobre desdichado y le extirpó el corazón. Lentamente, levantó el brazo con la víscera del mortal todavía bombeando sangre al exterior y empapando su brazo, que a los pocos segundos estuvo chorreando, hasta que esta quedó encima de su cabeza. El aire se condensó alrededor de Xipe-Totec durante unos segundos, y, al poco tiempo, empezó a caer una lluvia de fuego sobre la ciudad maldita. Los meteoritos caían con la misma cadencia que la sangre del corazón del sacrificio lo hacía en la cara del dios, hasta que este cerró su puño destrozando el órgano moribundo, y la cascada de sangre que bañó su cara se reflejó en una enorme roca en llamas que con su impacto cegó a todos los presentes.
 
Cuando la luz se disipó, donde momentos antes se encontraba Alvarado ahora se veía un inmenso agujero humeante. La invasión se había detenido, pero Xipe-Totec distaba de considerar esto como una victoria.
 
 
 
A muchos kilómetros de allí, un viento huracanado apareció de la nada, y después de depositar una siniestra figura en la cima de una pequeña montaña, desapareció con la misma rapidez con la que apareció. Malkaws jadeó, e intentó en vano contener las ganas de vomitar. Al cabo de unos minutos, cuando se recompuso, miró con desdén al oeste, donde había estado tan cerca de cumplir su cometido, donde tenía que dar gracias por haber escapado con vida... y mostraría su agradecimiento, cuando aquellos que le habían arrebatado la victoria a el y a su señor estuvieran muertos y sus cadáveres sirvieras de alimento a los peces. Tardaría en gozar de una oportunidad semejante, pero no cejaría en su empeño para hacer volver el antiguo orden a la tierra. Para cerrar su promesa, Malkaws puso delante suyo su mano izquierda, apuñaló su palma con el cuchillo, y recitó un salmo.

-Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah´nagl fhtagn
 
 
En las profundidades, un ser tan antiguo como el mismo tiempo se agitó en su letargo, y las consecuencias de este simple gesto fueron terribles.