La Llegada Yig (Historia)

relato de : Fernando Arsuaga

Decisión del ganador del 2º Toenro de Influencia Primigenia : Alex Putoud

Antes de la Reunión Divina…

 Ciudad de México

- Quetzalcóatl, ¿qué te ocurre? Tu comportamiento dista mucho de lo habitual… Necesito toda tu sabiduría para decidir si acudimos al llamamiento de Amaterasu o no… - dijo Huitzilopochtli, con gesto contrariado.
- No soy yo mismo, Gran Colibrí Azul, en mi búsqueda de conocimiento para abordar nuestra situación algo me interfiere… Es una voz que me susurra y me indica que me una a él, que es mi auténtico Amo…, que nosotros no somos los verdaderos Dioses…, y la inminencia de su llegada devolverá a todo y a todos a su lugar… No consigo profundizar más - explicó la Serpiente emplumada con gran dificultad.
- Esas palabras me suenan conocidas, pero aún no consigo encontrar su sentido… Pero debemos actuar ante lo más acuciante y aparcar esas extrañas influencias por ahora… - sentenció el poderoso Dios de la Guerra Azteca.
- Hijo, yo también he sentido esa presencia, pero algo me dice que ya combatimos a ese ser en el pasado… Lo derrotaremos una vez más, sea quien sea… - intervino Coatlicue, mirando fijamente a los Tezcalipocas azul y blanco – Por tanto, creo que deberíamos acudir con más razón al encuentro del resto de Panteones…
Luxor
- Thot, ¿qué es lo que nos puede aguardar en la reunión? – La voz del Dios Sol resonó por la gran sala – Tus presagios son siempre de gran ayuda e iluminan mi razón…
- Gran Ra, mis visiones son halagüeñas ante ese evento…, pero Apofis ha escapado de su prisión y, por una extraña razón, no se dirige a atacaros, mi Señor… - las palabras de la deidad de cabeza de Ibis no sonaban tan inescrutables como antes – Parece encaminarse hacia un llamamiento de una energía muy antigua…, más aún que nosotros…
Los ojos de Halcón del Patriarca de los dioses egipcios se pusieron a escudriñar en su propia memoria, tratando de dilucidar que podría ser anterior a ellos mismos, y tan poderoso como para poder invocar a la Gran Serpiente…
- Yo también he sentido algo de ese influjo, y deberíamos tomarlo en serio… - siseó Seth, desde las sombras – El riesgo es real, y creo que podría tener relación con la asamblea de tu “hermana”…., otra razón por la que deberíamos acudir con mayor precaución…
 
Días después de la Asamblea…
París
- Es increíble lo que se puede conseguir con un poco de veneno refinado en aerosol - reflexionó Alejandro Putoud.
Los pocos guardias que vigilaban este monumento ya habían caído a su paso hacia la sala accesoria del tabernáculo de la Catedral de Notre Dame.
Sabía que la facilidad con la que se había internado no era fruto de la casualidad…, ni mucho menos de sus dotes de infiltración.
Desde hacía meses, la ciudad del amor estaba impregnada de una espantosa sensación colectiva de peligro y un hedor a podredumbre empapaba cada esquina del lugar. Los enamorados no se sienten atraídos por el antiguo encanto parisino. Junto con este hecho, parte de la población había decidido irse lejos de allí, conociendo demasiado bien los hechos ocurridos a otras ciudades como Roma y temiendo que ese extraño cambio sea solo un preludio de algo peor…
Los escépticos, a pesar de todas las imágenes y noticias, no solían aventurarse mucho cuando se ocultaba el astro rey. Parecía haberse creado un microclima estable húmedo y cálido en la Ciudad de la Luz que la oscurecía definitivamente…, aún más si tenemos en cuenta que se encontraba  en pleno invierno y a tan sólo unos pocos kilómetros, el viento y la lluvia arreciaban el resto de la región.
 
Tras acceder a un claustro en obras, se topó con un acceso al subsuelo de la plaza de notre dame en desuso, en donde unas pequeñas, pero numerosas, muescas de colmillos de serpientes apuntaban hacia el interior. Si desde los celtas, pasando por los romanos, habían tomado este lugar como lugar de culto, es normal que esta  “Isla de la Cité”  ocultara algo más sobrenatural  de lo aparente…
- Todas las pistas conducen a este lugar y este punto… – susurró Álex para sí mismo releyendo sus anotaciones.
 
Estaba orgulloso, había conseguido desentrañar este misterio él solo. Nadie lo hubiera pensado:
Gran amante de los ofidios desde su juventud, nunca fue un buen estudiante. Tuvo que conformarse con llegar a ser ayudante del veterinario, recogiendo los excrementos y los animales muertos, cuidando y alimentando a las mascotas de otros, mientras su jefe se llevaba las medallas…, por una cantidad mísera en comparación con los ingresos del licenciado en veterinaria. Lo odiaba, pero por lo menos podía cultivar su afinidad por las serpientes y le daba para vivir…
Cierto día comenzó a encontrar noticias misteriosas de muertes de serpientes en pajarerías y tiendas de animales, que se habían destrozado la cabeza al intentar usarla para romper los cristales de sus terrarios, como si quisieran salir a toda costa. Todo el mundo lo achacó a las apariciones de dioses por todo el mundo…, menos él. Algo le decía que existía una razón diferente, que existía un patrón.
Comenzó entonces una frenética investigación sobre noticias curiosas relacionadas con serpientes y obtuvo muchas respuestas: Los encuentros desafortunados con serpientes se habían saldado con una huida de las mismas en vez de atacar y morder. También habían aparecido “manadas” de serpientes de razas no autóctonas en un movimiento casi migratorio, siguiendo un camino invisible hacia un lugar, sin importar carreteras, autopistas o lugares transitados; dejando tras de sí miles de cuerpos aplastados por el tráfico o por grupos de exterminadores de plagas.
 
Todas estas pistas le habían llevado a este lugar. Le había costado el poco dinero ahorrado que tenía, pero lo había conseguido. Por fin  podría demostrar su teoría de la existencia de un “Rey Serpiente”, un poderoso ser capaz de organizar y usar a las serpientes para conquistar el mundo…, y él quería estar a su lado para vengarse de todos aquellos que le menospreciaron y se burlaron durante toda su vida…
Llegó a lo que parecía una entrada rudimentaria de una cueva natural, cerca de las más antiguas catacumbas, pero en realidad era un escabroso túnel recientemente excavado que llevaba a un ensanchamiento que se asemejaba a  una enorme sala. Se deslizó por el angosto acceso y pudo observar como  una gran maraña de serpientes parecía fusionarse hasta formar una forma homogénea.
El colosal amasijo parecía bullir de vida, cientos de cuerpos escamosos siendo aplastados y asimilados para ir tomando una nueva y aterradora forma. De pronto, la mole comenzó a disminuir la velocidad de asimilación y de una manera imposible, parecía haberse dado cuenta de su presencia.
Antes de poder decir nada, la masa comenzó a hablarle telepáticamente – Mortal, vas a tener el gran honor de admirar el regreso de un Dios. Tu carne será el sacrificio final que he decidido para volver a tomar forma corpórea en este planeta. Tu esencia será el néctar que volverá a recordarme el placer de la muerte de todos los seres inferiores. Tu mente será absorbida para actualizar mis conocimientos sobre los de tu clase  – Acto seguido, con un gesto mudo de terror, Álex fue engullido por el incipiente ser, dejando tras de sí su uniforme y su distintivo de la clínica, y éste comenzó a adquirir una forma más definida. Brazos y torso humanoides surgieron de un lado del naciente cuerpo y decenas de extremidades brotaron del otro.
Su cuerpo escamoso vibró al terminar la metamorfosis. El Primigenio se había vuelto a invocar a través de sus súbditos…
 
Con un estruendo quebró la superficie y, con un aura verdosa, emergió imponente, como si la isla en medio del Sena fuera la cáscara de un huevo destrozado por su huésped. Sus extremidades tentaculares arrancaron la vetusta catedral que le impedía asentar su colosal forma.
Y del ruido surgió el caos. Hombres y mujeres huyendo en todas direcciones. El Louvre sucumbió a la ira del gigante como si de una casa de muñecas se tratara. La sombra de la muerte se apareció en los Campos Elíseos. Gritos de horror y desesperación surgían al avance del cuerpo reptiliano del portentoso ser. Su movimiento era rítmico e inexorable, sin retumbar en el suelo. La marca de su destrucción formaba un camino lleno de gases de la disolución de todo lo que había contactado con él y sus poderosos ácidos surgidos de su gigantesco bajo-vientre y apéndices, marcando como lugar de destino el Arco del Triunfo.
Las calles aledañas bullían infestadas por sus súbditos e hijos: Todo tipo de serpientes, reptiles venenosos y mutaciones escamosas imposibles nacidas de las pesadillas más salvajes que siquiera el humano más desequilibrado podría soportar. Los rezagados servían de comida a tales seres, mostrando solo los huesos sin digerir bañados en jugos gástricos.
 
Transcurrieron tan sólo unas horas y la capital de Francia quedó en silencio. El ruido blanco surgido del siseo colectivo era un sempiterno leitmotiv que acompañaba a los primeros rayos del sol.
Y,  acompañado de este coro sibilino, se aposentó sobre la retorcida torre Eiffel, como si de un trono de hierro se tratara. Y con una mirada de satisfacción al ver la desolación absoluta de la urbe, un aterrador murmullo surgió de la reptiliana boca del colosal  ser, haciendo saber al mundo su nombre: “YIG”