La invocación de Yog Sothoth (Historia)

relato de :  Antonio Montenegro.

Decisión de la ganador del 3º Torneo de Influencia Primigenia : Juanan Alvarez.

Mictlantecuhtli estaba sentado en su trono de huesos. Sus planes de distribución de la droga a nivel mundial estaban dando grandes frutos, y su poder crecía día a día. La gente no solo lo estaba adorando con mayor intensidad que antes, sino que el terror que se estaba sembrando gracias a su droga iba en crecimiento. Su lengua recorrió sus labios esqueléticos deleitándose, como si pudiera saborear el terror de la gente. Definitivamente aliarse con el misterioso M le había sido de mucha utilidad. Pronto su poder sería suficiente para rivalizar con Huitzilopochtli. Ni siquiera el poderoso y sabio Quetzalcóatl sabía cuál era su plan.
Sin embargo algo le preocupaba. De las almas de los que morían por la droga ninguna había pasado por las puertas de Xibalba, como él creía que pasaría. Sabía que podían ir a los otros inframundos de los otros panteones, pero no podía estar seguro. El no saber lo mantenía en duda. Podría contactar con los otros dioses que se encargaban de los distintos inframundos, pero no era una opción que quisiera hacer. Hades era un curioso, y le haría preguntas sin cesar de porque tenía interés. Hela era tan difícil de tratar que sería un esfuerzo muy grande y al final pararía sin respuestas y con un dolor de cabeza. Y los otros eran seres tan despreciables que los evitaba en todo lo posible.
Mejor, son menos almas de las que preocuparme, pensó. Que los otros traten con ellas. Era hora de empezar a mover las fichas para lograr usurpar el poder del dios colibrí y colocarse a la cabeza del panteón azteca como siempre quiso. Por fin sus deseos milenarios se llevarían a cabo.
***
El viejo leía un libro sobre teoría cuántica. Era un tema muy interesante, y su ansia de conocimiento lo llevaba a utilizar hasta el último segundo posible de su vida para llenar su cabeza de nueva información. Era un proceso muy lento, y siempre estaba deseando que llegara el día en que su deseo se pudiera cumplir y lo pudiera saber todo.
Cuando llego a la última página puso el libro sobre la mesa. Miro su reloj y vio que llevaba ya cuatro horas leyendo este libro. Cuanto tiempo perdía aprendiendo nuevos conocimientos de esta manera. Sabía que su plan tardaría aun unos días en surtir efecto, pero no podía esperar. Sin embargo, su larga vida le había enseñado a siempre esperar lo peor, así que continuaba con su rutina de lectura por si su plan fracasaba.
Que fácil había sido manipular a los peones en su plan, más fácil de lo que se imaginaba, pero tener tantos conocimientos le servía mucho a la hora de realizar y ejecutar planes.
Se levanta y camino hacia la parte más escondida de su vasta biblioteca. Ahí, en un lugar privilegiado se encontraba su tesoro. Un libro muy antiguo, escrito en un idioma que solo él y el misterioso M entendían. No le agradaba M mucho, siempre que conocía a alguien que supiera algo que él no sabía no compaginaba con él. Pero sin embargo lo soportaba, ya que le había enseñado la llave para entender aquel libro y lograr poner en marcha su plan maestro.
Acaricio el libro y una sonrisa se dibujó en su rostro. Pronto, pronto lo sabría todo.

***

El guardia de seguridad estaba dando su última vuelta antes del cambio de guardia en el Museo de Antigüedades de El Cairo. Caminar por la cámara de objetos de la antigua babilonia siempre le causaba un escalofrió que no podía comprender. Especialmente cuando caminaba enfrente de una extraña urna de color negro con unas runas rojas. La descripción decía que era una urna funeraria con marcas que aún no habían podido ser descifradas. Aunque pareciera supersticiones tontas, él estaba seguro que podía sentir un aura de maldad emanar de ella. Sonrió, ya que siempre pensaba lo mismo. Su mujer le había dicho en numerosas ocasiones que era un tonto por pensar así.
Distraído como estaba viendo la urna no se dio cuenta que una sombra se colocaba detrás de él. Un segundo más tarde se dio la vuelta justo cuando un cuchillo se le clavo en el pulmón, evitando que pudiera gritar. Lo último que pudo ver justo antes de morir fue a dos personas que parecían gemelos parados sobre él, con los ojos brillando.
Uno miró al otro y dijo “La alarma ya ha sido desconectada, coge la urna mientras me deshago del segundo guardia y aseguro nuestra ruta de salida. Nos vemos en la salida, Hunahpu”
Hunahpu asintió con la cabeza. No le gustaba trabajar para el despreciable Mictlantecuhtli, pero la promesa de liberar a su madre del sufrimiento de Xibalba era lo que lo movía a seguirlo. No era tan sanguinario como Ixbalamque, su hermano, pero sabía que intentar disuadirlo de matar era muy difícil.
Rompió el cristal y tomo la urna. Se aseguró de ponerse guantes antes, no por miedo a dejar huellas, sino por la advertencia de Mictlantecuhtli de que no debían de tocar la urna. La envolvió en la bolsa que llevaba para ese propósito y empezó a caminar hacia la salida.
Encontró a su hermano esperando en la salida, con un cuerpo a sus pies. Siglos atrás su hermano era una persona tranquila, sin deseos de sangre, pero tanto tiempo sufriendo atrapado en Xibalba lo había convertido en casi un monstruo. Hunahpu también era más violento que antes, pero había conservado más su humanidad.
Salieron del museo y caminaron hacia el coche que los esperaba. Ahí una persona recogió la urna, les dio un paquete grande a cambio y se fue.
Caminando alejándose del sitio de reunión se cruzaron con un distraído turista que tropezó con ellos mientras consultaba un mapa.
“Lo siento, estaba distraído”, dijo el turista. “Mi nombre es Juanan. Estoy buscando el Museo de Antigüedades, me podrían indicar el camino?”
Ambos hermanos se miraron mutuamente. Hunahpu sonrió e Ixbalamque se dio cuenta que pretendía su hermano. Cerró los ojos mientras Hunahpu saco su daga y con una velocidad inhumana le corto la garganta. La sangre que cayo sobro el suelo formo un gran charco. Hunahpu recito una oración a Mictlantecuhtli y en el pozo de sangre se formo la imagen del dios.
“Ya tenemos la vasija”
“Bien, ahora ya sabéis lo que debéis hacer, os esperan en Irlanda.”

***

El viejo esperaba impaciente en la plaza  Tahrir. Siempre que sus planes dependían de otras personas se ponía nervioso. Él podía controlar todas sus acciones, pero no podía predecir las de los otros seres humanos no le gustaba. Era algo que no conocía, y como todo lo que escapaba de su conocimiento, era algo que no podía controlar.
El coche llego 2 minutos tarde, pero ya era suficiente para que el viejo estuviera furioso. Se dirigió hacia el coche y le grito a su subordinado porque había llegado tarde. La explicación de tráfico no le basto, y lo golpeo con su bastón. Tomo la bolsa con la urna y se dirigió al punto donde ya tenía todo preparado.
Saco la urna de la bolsa y leyó las inscripciones. Pensar que los idiotas del mueso creían que era babilónica, cuando él sabía que era mucho más antigua, llegando a los tiempos de la Atlántida. Pensar que los dioses habían sido tan tontos como para encerrar en esta urna una parte de aquel ser que habían logrado derrotar con tanto sacrificio.
La abrió con rapidez en el centro y procedió a introducir el receptáculo que había preparado. Mictlantecuhtli no sabía que las almas de los que morían por la droga que estaba distribuyendo iban realmente a parar a este receptáculo.
El sabia por sus lecturas que la única manera de despertar a la fuente de todos los conocimientos era con un sacrificio, y ahora sabía que tenía suficientes almas para que el sacrificio fuera efectivo.
Las leyendas todas eran iguales a través de la historia. A cambio de un sacrificio obtendría conocimientos escondidos, mientras más sacrificio mayores los conocimientos. Lo que Mictlantecuhtli no sabía es que el ritual en el que había participado para vincular la droga a él, también lo había convertido en un sirviente de la Puerta y la Llave. Si la promesa de servirlo de un mortal traía recompensas inconmensurables, que le traería la promesa de servidumbre de un dios?
Empezó la invocación con las frases que tanto eran usadas por nigromantes…

Y'AI'NG'NGAH
YOG-SOTHOTH
H'EE-L'GEB
F'AI THRODOG
UAAAH

Un vórtice negro se formó encima de la vasija. Una masa indescriptible de esferas se empezó a formar por encima de la vasija. Relámpagos empezaron a salir de las esferas. La mayoría de la gente que se encontraba alrededor de la plaza Tahir hecha famosa por los recientes disturbios se quedó petrificada al ver la horrenda imagen del dios primigenio. Este día habría más muertes en esa plaza que en todos los recientes meses de conflictos. El anciano solo sonrió pensando en su recompensa.