La comitiva para activación de Portales (Historia)

Autor: David Carreras

Ilustrador : Hector Herrera

Junio de 1979, Georgia, Estados Unidos

 

—¿Ese es todo lo que desea, señor? —preguntó Earl Harton, encargado de los pedidos para Elberton Granite, no sin cierta suspicacia. Su interlocutor, un hombre de aspecto joven, traje blanco y una sonrisa perenne en el rostro le provocaba escalofríos.

—Eso es todo, señor Harton —respondió con una voz agradable, paciente, no perdía su sonrisa. El encargado echó mano de la lista.

—Seis losas de granito, cuatro de seis metros de alto por metro ochenta de ancho. Una de central que ejerza de pilar y una tapa cuadrada que se colocará encima, los detalles los tengo anotados, ¿es así, señor Christian?

El extraño hombre sonrió de nuevo, asintió con lentitud mientras respondía con aquella voz enloquecedoramente tranquila.

—Por favor, señor Harton. Llámeme R —corrigió con una amabilidad inquietante, luego añadió mientras revisaba los documentos —. Y las inscripciones, señor Harton. Son importantes. De capital importancia.

Earl miró con renovada inquietud, sobre cada una de las cuatro grandes losas debía haber escritos una especie de mandamientos repetidos en inglés, español, swahili, hindi, hebreo, árabe, chino y ruso. Pero había cuatro series, que deberían coronar la tapa central, cuyos símbolos no comprendía. Una curiosidad morbosa le empujó a preguntar, no podía reprimir tener una sensación de temor reverencial hacia aquel hombre.

—Señor.. R.. ¿puedo preguntar qué pone aquí? He de admitir que es un encargo curioso, no se ofenda, desde luego. ¿Es para una película?

El hombre de blanco sonrió de nuevo, con un gesto aleccionador relajó a Earl y a su sensación de estar metiendo la pata. Pero lo que prosiguió le ahogó de incertidumbre.

—Se trata de un mensaje para la humanidad, señor Harton. Una propuesta sobre el buen camino. Un anuncio para los tiempos venideros —explicó con tranquilidad, junto las manos mientras no apartaba su mirada de la del encargado —. Una nueva era que está por llegar, señor Harton. Una nueva era donde una nueva razón gobernará.

El hombre del traje blanco sonrió de nuevo, se levantó y se despidió de forma exquisita. Earl Harton pidió la baja al día siguiente, los médicos le diagnosticaron un cuadro de estrés postraumático, pero nadie nunca supo arrancar la razón por la que el encargado había perdido el juicio. El 22 de marzo de 1980 se levantaban las Piedras Guía de Georgia y en una celda olvidada de la Institución de Salud Mental de Elberton County, Eart Harton aparecía muerto tras abrirse la cabeza al golpearse violentamente contra la pared.

 

Octubre de 2014, El Cairo, Egipto

 

Pequeños montones de arena se precipitaban desde las rendijas de los bloques de arenisca. Sobre una mesa de granito, Daghda, Ra, Thot y Huitzilopochtli trataban los últimos detalles al plan que debía llevarlos a uno de los portales accesibles. El azteca continuó la conversación con suspicacia, poco convencido del portal elegido en la reunión.

—Se me hace extraño admitir que una estructura tan.. moderna.. albergue uno de los portales que buscamos. Creí que buscábamos algo más antiguo —comentó mientras miraba frente arrugada de Daghda que tampoco parecía estar convencido, Thot tomó la palabra tratando de añadir luz al asunto.

—No se trata de su antigüedad, Huitzilopochtli. Sino del material del que están hechas sus losas, de lo que subyace bajo su estructura y la posición en la que se encuentran —el egipcio se vio interrumpido por el Padre de los celtas.

—Lo sabemos, cabeza de ibis. Es un enclave levantado por los humanos, por esa hermandad de dementes.. ¿La Orden dijisteis? Ciegos e idiotas, como tantos antes que ellos —soltó la pulla sin contemplaciones, aunque ni egipcios ni azteca se dieron por aludidos. A Ra y a los suyos eran de los pocos a quien aún guardaba respeto, a quienes en su día compartió estudios y amistad, los aztecas para Daghda eran poco más que bárbaros sedientos de sangre, no mucho mejores que los nórdicos, pero al menos guardaba cierto respeto por el patriarca azteca y por su consejero Quetzalcoatl. Agradeció que los egipcios fueran quienes dirigieran aquella búsqueda con él, y que Huitzilopochtli, al menos, no se limitara a dilapidar el tiempo con contratiempos estúpidos.

—Así es, sabio del caldero. La Orden levantó ese monumento, debieron seguir indicaciones.. externas. Su composición concuerda con lo que sabemos de los portales, oricalco, pero el lugar.. —expresó con preocupación el dios ave, había algo que no le gustaba y el patriarca egipcio puso voz a esos temores.

—Es un trampa —dijo con seguridad Ra, que no había intervenido hasta ese momento, no se le consideraba que hablase nunca de más. Por el gesto de Huitzilopochtli reveló que también estuvo a punto de decir lo mismo, los demás asintieron aceptando la sospecha.

—No tenemos otras opciones, Ra. Çatal Hüyük está destruido, escarbar en las ruinas de la vieja Mesopotamia nos llevaría demasiado tiempo y Rapa Nui está en pleno territorio de los Primigenios. La lectura astrológica señala que las Piedras Guía de Georgia son el lugar idóneo para abrir el portal de vuelta a nuestros hermanos.

Hubo un silencio en el que se intercalaron las miradas de los cuatro atlantes. Tantas palabras que se habían quedado colgadas tras miles de años, egipcios y aztecas esperaron la nueva pulla del celta. Pero no llegó.

—No pueden seguir esperando, es el momento de que vuelvan a casa —dijo Daghda lentamente, con un tono que parecía esperanzado.

—Enlil, Vishnu.. y sus familias.

—Los Igigi — Huitzilopochtli terminó la frase de Thot con pragmatismo—. Necesitamos a las huestes de Tiamat para esta guerra.

La beligerancia del azteca fue recogida con tibio entusiasmo, aunque no le faltaba razón. Aunque la impaciencia por reunirse con las familias perdidas era grande, no podían olvidar que iban a necesitar a todos los aliados necesarios para afrontar el poder de los Primigenios. Pero ninguno quería admitir a Huitzilopochtli que tenía buena parte de razón. Thot se apresuró a reconducir la conversación, aunque hacia terrenos poco agradables. No había nada de bueno en los acontecimientos que se estaban desarrollando.

—Nuestros generales están combatiendo a los Primigenios, no tenemos efectivos para apoyarnos, temo que los aztecas se encuentren en las mismas condiciones — expresó Thot mirando al mexica, este respondió enseguida.

—Después de la derrota en Itza, estamos intentando recomponer nuestras fuerzas para socorrer otros frentes.. pero me avergüenza decir que los míos no están tan unidos como desearía. Quetzalcóalt y Mictlantecuhtli se reunirán con nosotros en el portal, para realizar el sacrificio.

Aquellas palabras cayeron con ánimo sombrío entre el resto de presentes, más aún por la naturalidad con la que trataba ese asunto el azteca. No podían culparlo, para Huitzilopochtli aquel método era el óptimo aunque existiera un abismo de creencias entre las familias atlantes unos debían acostumbrarse a los otros. Y para abrir el portal, a falta de desarrollar más esa tecnología antigua, la energía vital de un ser vivo servía para activar el funcionamiento de este. No había otro remedio, aún no existía otro remedio, pero el problema era.. ¿quién?

—Belennus, Lugh y Morrigan nos acompañarán, si es una trampa la volveremos en su contra —dijo el celta solucionando el problema de efectivos, luego miró con dureza al azteca —. Antaño los míos también realizaban sacrificios de sangre, sé qué precio hay que pagar y los celtas estamos dispuestos a pagarlo. Seré yo quien lo haga, que no se diga que Daghda del Caldero no está dispuesto a entregar su propia vida por sus hermanos.

Hubo otro silencio, ninguno de los otros atlantes presentes intervino para convencer al Padre celta de lo contrario. Era el tiempo de hacer sacrificios, era el tiempo de las decisiones difíciles.

 

*********

 

El ensordecedor rugido de los motores del helicóptero disuadía de cualquier intento de conversación que no fuera a gritos. No había mucho que decir, había un pasajero no imprevisto en la aeronave, el joven hijo de Daghda, Angus. Todos se habían quedado perplejos por la súbita presencia del dios del amor celta, una sospecha creciente se iba asentando en las mentes de los otros miembros de la expedición, pero nadie dijo nada. Mientras se acercaban al destino, Daghda no hablaba, solo pensaba en una conversación varias horas atrás.

—¡NO! —bramó el patriarca celta golpeando el suelo con el bastón —. El sacrificio ha sido decidido, por mi. Seré yo quien entregue mi vida para retornar a nuestros hermanos del encierro.

Angus contempló a su padre con paciencia, con las manos en la espalda se colocó frente a él con seguridad.

—Sabes que te necesitamos con nosotros, padre. Perderte ahora, en los albores de la gran batalla, dejará sin rumbo a los nuestros. ¿Por qué no puedes entenderlo? Soy el adecuado, ningún otro puede cumplir mejor ese cometido que yo —insistió el joven gesticulando ahora con firmeza, Daghda le miró con dureza sin escuchar.

—Los celtas sabrán seguir adelante. Danu no dejará que nuestra familia se disgregue, permaneceremos unidos para..

Angus interrumpió a su progenitor con severidad, sin aceptar una réplica de este.

—¿Para continuar tu plan de venganza? ¿Para dilapidar el precioso tiempo que hemos recuperado para matarnos los unos a los otros? ¡No, padre! —golpeó el suelo con la bota, movió la mano cortando el aire —. Lo que ocurrió fue hace miles de años, Amaterasu y los demás patriarcas no tuvieron elección y tú actúas como si siempre la hubieran tenido.

Daghda apretó los dientes con ira contenida, siseó entre los huecos que dejaba su dentadura.

—Niño ingrato.. ¿cómo te atreves..? —y el niño ingrato continuó avasallando con razones inapelables.

—Mientras continuemos anclados en guerras intestinas, los Primigenios nos continúan ganando terreno. Van a ganar, padre. Van a ganar si no confiamos los unos en los otros, y si tu te sacrificas, nuestra madre no podrá oponerse a los deseos de venganza de Morrigan, Lugh o Belennus —hizo una pausa con tristeza, hablando algo más suave y con la voz temblequeante —. No, yo soy el adecuado y lo sabes. No soy un guerrero que vaya a combatir, solo soy el muchacho que enfermó de amor por una mortal que murió hace eones. Si mi muerte trae de vuelta a nuestros hermanos, si mi muerte me reúne de nuevo con mi querida Caer.. entonces habrá sido una buena elección, ¿verdad?

El Padre de los celtas bajó la cabeza incapaz de contradecir a su hijo más querido, el sonido del helicóptero volvió a devorar aquel recuerdo reciente y Daghda volvía a estar junto al resto del equipo y frente a la sonrisa beatífica de Angus. Por los auriculares resonó la voz del piloto.

—Hemos llegado a destino, señores.

 

Ummu.. Ummu.. Ummu..