La Busqueda (Historia)

Autor : Fernando Arsuaga
Ilustrador : Hector Herrera

Kbatanga, costa norte de Siberia, Rusia
La oscuridad del mediodía cubría la ciudad portuaria, languideciendo aún más las pocas luces que había en las heladas calles. La tensa calma existente demostraba que las atrocidades de los Primigenios no habían azotado demasiado esta zona del globo. Transcurrió un rato hasta que la callejuela dio paso al mar y guió sus pasos hasta el embarcadero que había elegido.
La guerrera soltó una espesa bocanada de vaho, acercándose a un viejo y oxidado pesquero. Daba muy mala impresión, pero al verlo más de cerca se podía observar su robustez y capacidad para desenvolverse en aguas tan traicioneras y heladas.
Con gesto firme pero amigable dijo en un perfecto dialecto ruso: - ¡Ah del barco! Busco un transporte para llegar al Polo Norte.
Un viejo y curtido marinero salió de la proa de la embarcación y con desgana respondió: - No se navega hasta llegar la primavera, preciosa. Ahora hay más hielo que agua y navegando destrozaría los rompehielos y nos quedaríamos encallados enseguida.
A pesar del grueso abrigo de pieles y la profunda capucha la había observado de un plumazo y llamado “guapa”. A Brenna esto la indignó y asombró a partes iguales. Conteniéndose por la necesidad, respondió con toda la calma que pudo: - Me dijeron por eso que sólo un loco o un estúpido se aventuraría a hacer la travesía…, por eso me enviaron aquí. – El final sonó más como una bravata más que un insulto.
- Pues si es así, creo que te informaron bien…, de ambas cosas - respondió de forma socarrona el lobo de mar - …me llamo Borya Fadeuka y el precio no será barato…
- El oro brilla igual en todas partes, incluso en estos tiempos y con esta luz tan ténue – y mostró una bolsa llena de monedas antiguas del áureo metal.
- No se hable más, suba al barco mientras voy a buscar provisiones y aparejos… - a lo que con una mirada con el ceño fruncido añadió - …y algunos también para usted, la veo poco pertrechada señorita…
- Bren… Jennica… - vaciló para dar otro nombre, no quería ser reconocida - Y por mí no se preocupe, llevo todo lo necesario…
 
Islas Baffin en el mar Príncipe Gustavo Adolfo, territorio de Nunavut, Canadá
El hielo cubría el paraje. A pesar de andar sobre hielo sólido, era impactante poder ir de isla en isla sin necesidad de usar una embarcación.
El helicóptero oscuro con una M dorada se elevó con algo de dificultad a pesar de hacer una noche sin vientos fuertes. Debía llegar hasta la isla de Bathurst, más al norte. Ahí es donde debe morar el “animal”…
El aumento de velocidad en el movimiento del polo magnético no era casual: Fenrir había conseguido desanclar sus cadenas del todo al volver a abrirse los primeros portales. La gran cantidad de oricalco que portaban los eslabones era capaz de producir ese cambio geo-magnético.
Couger sonrió desde lo profundo de su capucha, era el momento de recoger los frutos de su espera.
 
Días después…
Base Científica Nord, Groenlandia
Brenna se despidió de Borya y éste se fue al embarcadero del pueblo para preparar el viaje de vuelta.
El aspecto castrense de la base era evidente, pero la guerra había convertido el lugar en un almacén y un puesto de coordinación para los habitantes de los pueblos de la zona. Abandonado por los militares al principio del conflicto, era una estructura muy aprovechable por la población civil.
Mientras le asignaban un camastro y le ofrecían una sopa caliente de grasa de foca, sólo podía pensar en la misión que le había encomendado el Padre Odín: Encontrar al Lobo del Ragnarok, la Bestia de la Caída del Panteón Nórdico, el que trae el Fin de los Tiempos… FENRIR.
Sabía que lo mejor era convencerle para que se uniera al resto de Nórdicos para restaurar lo perdido…, pero si no era así llevaba el dardo de muérdago de Loki. Había que evitar que llegara el fin definitivo a toda costa…
Antes de salir a la Tundra, puso atención sobre los rumores de un gran Lobo que asolaba la fauna de la zona y del sonido de grilletes que le acompañaba. Sabía que estaba en el lugar correcto. Compró un viejo pero resistente trineo y se internó sin vacilar a la búsqueda.
 
Al mismo tiempo, a  30 km. de la base
El paraje helado se extendía hacia todos los lados. Un solitario oso polar pasea olfateando por el lugar hasta que algo cambió. El permafrost era de un color rojizo en toda la zona y cuerpos de animales congelados se extendían descuartizados hasta donde alcanzaba la vista. Restos de focas, osos, leones marinos,  se concentraban en una sola dirección, hacia unas oquedades naturales del terreno.
La mirada del oso se tornó ígnea y las cadenas cubiertas por la nieve que rodeaban su cuerpo comenzaron a refulgir de un modo antinatural: - Ya eres mío… - Pensó Couger desde el interior del animal.
Las zancadas de la bestia se aceleraron y aumentaron con el tintineo metálico de las cadenas que le abrazaban y se internó en una de las cuevas donde el rastro era más intenso.
 
Varias horas más tarde, a la salida de la cueva
La Valquiria había llegado hasta allí caminando, los perros del trineo se negaban a avanzar más por un instinto muy agudo de supervivencia. El motivo era evidente: parecía un macabro festín de carne y sangre.
Cuando se acercó a las grutas, una imponente figura se apareció ante ella. Fenrir, a su vez, la miró con ojos furiosos. Con voz cavernosa, dijo: - “¿Qué quieres Atlante…, me buscabas?” –
Brenna hizo acopio de valor para no parecer sorprendida y respondió: - “Odín te requiere para evitar el fin del mundo, ya maltrecho por los Primigenios. Has sido liberado de tu cometido como Parca del Ragnarok” –
El pelaje blanco del gigante ser se erizó y lanzó un potente gruñido: - “¡¡¡No soy su vasallo para acatar sus órdenes!!! Soy el que va a arrancarle su cuello de un mordisco por tenerme prisionero…, y así cumplir con mi promesa… Mi liberación se ha producido porque se ha producido el Ragnarok, no porque ese viejo tuerto lo haya querido…” –
Al decir eso, unas cadenas negras surgieron de la oscuridad y se fusionaron con los grilletes y cadenas rotas del Gran Lobo. Éste comenzó a convulsionarse y a ser rodeado por el resto de los eslabones mientras caía al suelo.
Sin tiempo para reaccionar, Brenna esquivó, por poco, sendas cadenas surgidas del hielo que iban a impactarla directamente. Una tercera cadena la rozó lo suficiente para hacerla caer, aunque consiguió sujetarla con el filo de su espada, surgida de su mano en cuanto advirtió el peligro.
- “Te tengo…” – La voz salía forzada de la garganta de un oso polar, del cual terminaron de salir las negras cadenas…, momento en el cual se desplomó muerto.
El enorme animal blanco seguía retorciéndose por el níveo suelo mientras la poderosa guerrera se protegía con habilidad de los envites de las serpentinas cadenas. Cuando logró zafarse de sus metálicos atacantes, la bestia se levantó con renovadas fuerzas y de sus ojos salían unas llamas rojas. Con un latigazo metálico, el ser desapareció al tiempo que el resto de cadenas.
Brenna se recompuso y guardó de nuevo su arma en la extraña muñequera Atlante. Corriendo comenzó a pensar cómo ponerse en contacto con Odín lo antes posible… Había algo nuevo que estaba conspirando contra los Dioses y la Humanidad…y no parecía humano…