Guerra fría parte 2: El encuentro (Historia)

Autor: Javi Gongora

Ilustrador : Carles Hernandez

Tyr miró por la ventana del avión y lo único que vió fue el Atlántico cubriéndolo, cuando de repente empezó a divisar una pequeña sombra en el horizonte:

-Ya veo tierra firme, no debemos estar a mucho más de una hora de aterrizar. Harald, despierta, tenemos que prepararnos. Te he preparado el traje y la máscara que tienes que utilizar.

Harald tardó unos minutos aun en despertar. Cuando por fin lo hizo, se dirigió dónde tenía el disfraz y empezó a prepararse para la llegada.

 

La noche era cálida y oscura. Las cuatro gotas que habían caído por la tarde no habían ayudado a refrescar, mas habían acentuado la sensación de calor debido a la humedad. Era una desagradable sensación para dos nórdicos como Tyr y Harald.

El avión aterrizó y se abrieron las compuertas. Cuando llegaron escaleras abajo estaban sudando como si hubiesen corrido una maratón. No obstante, los disfraces seguían intactos. Al aeropuerto fue a recibirles fue el sargento Ron Waiters:

-Bienvenidos de nuevo a América, Geor y Tyshaun -dijo mientras extendía la mano delante de la frente a modo de saludo.

-Saludos sargento. Gracias por el recibimiento. ¿Cómo está todo por aquí?

-Movido señor. Se habla que puede ser el fin de la tierra y que hasta el mismísimo presidente no tienen ningún plan contra los invasores.

-Estoy al corriente. Se ha armado un gran escándalo con esto de la invasión primigenia. -dijo intentando ocultar todo lo que sabía.

Los tres se subieron al coche. Por ahora nadie sospechaba nada de sus verdaderas identidades, pues todo el mundo creía que eran militares que habían vuelto de una larga misión en oriente medio.

El camino entre el aeropuerto y el Pentágono transcurrió más lento de lo habitual. Nadie medió palabra hasta que el coche frenó.

-Ya hemos llegado, teniente. -dijo Ron mirando a Tyr. -espero que no le traiga demasiados recuerdos.

Los dos bajaron del coche y entraron por una puerta secundaria al interior del Pentágono. A medida que se adentraban en las instalaciones, todos se quedaban atónitos mirándolos. Nadie los había visto jamás, pero las leyendas e historias de su existencia ensalzaban sus figuras de tal forma que hasta los cadetes recién entrados sabían de ellos.

-Es un poco incómodo que todo el mundo nos esté mirando. ¿No crees? Nadie nos conoce y nos idolatran como a superhéroes – dijo

-Tranquilízate. Actúa con normalidad y no levantaremos sospechas. El disfraz hará que nadie se dé cuenta que estuviste luchando en la Plaza Roja.

Harald se calló y siguió andando. Sus palabras no le convencían, pero tenía que mostrar toda la serenidad posible para una persona de su rango.

Siguieron por los pasillos en dirección a su despacho hasta que el sub oficial Antoine Young les cortó el paso.

-Buenas tardes teniente. Coronel. - dijo dirigiéndose primero a Tyr y después a Harald. Acompáñenme, tenemos una reunión de urgencia.

Los dos se sobresaltaron. Sus planes eran poder quedarse a solas con el general Kevin Wright y poder realizar su cometido. No obstante, tuvieron que seguirle.

Siguieron a Antoine durante cinco minutos hasta entrar en una sala con una gran mesa ovalada. Allí cabían unas 15 personas reunidas, pero en aquella reunión eran tan sólo siete.

Al revisarlos presentes, vieron que el general estaba en sala y se acercaba hacia ellos.

-Buenas tardes. –les saludó. Tenía un vaso de whisky en la mano -¿Cómo habéis llegado, estáis cansados?

-Hola- dijo Harald lo más cálidamente posible. No le dio tiempo a seguir hablando, pues el suboficial principal Bruce Worthy le interrumpió.

-Sentaos y poneos cómodos, que vamos a empezar.

Empezó la reunión. Estuvieron debatiendo durante cinco horas que acción debía tomar la armada respecto el problema de los primigenios. Intervenir, no intervenir... Todo les daba igual a los dos dioses. Toda su concentración se basaba en actuar con normalidad para no ser descubiertos y planear alguna estrategia para poder empezar la coacción al coronel. No obstante, todo cambio cuando el suboficial principal Bruce Worthy se levantó de la silla.

-Con esto concluimos la reunión por ahora. Mañana nos veremos a la misma hora aquí. Descansen. -dijo mientras recogía sus hojas y se iba de la sala.

El general se acercó a los dos nórdicos antes de que ellos pudieran tan siquiera levantarse de la silla.

-Ya que antes no hemos podido hablar, les invito a mi despacho a tomar una copa de whiskey y me cuentan cómo os ha ido todo este tiempo...

Los dos comprendieron que era la oportunidad perfecta, así que aceptaron su oferta y le siguieron.

Durante el camino, el general no paró de gastar bromas, con su acentuado humor americano. Tyr y Harald intentaron seguirle el rollo todo lo que pudieron, pues no entendían su humor.

Una vez llegaron a la puerta el general intentó meter la llave en la cerradura tres veces hasta que atinó y pudo abrir. Los tres entraron en el despacho. Harald se mantuvo de pie al lado de la puerta mientras Tyr y el coronel se sentaban.

-Harald, cierra la puerta por favor

El general se giró hacia él extrañado.

-Perdonad, pero no sé si os he entendido bien. ¿Harald?

-Así es.- dijo Tyr con una maliciosa sonrisa en los labios mientras se sacaba la máscara. –Él es Harald y yo soy Tyr. Saca el whiskey, que tenemos que hablar.