El sacrificio de Sangre (Historia)

Autor : Antonio Montenegro

Ilustrador : Hector Herrera

Ciudad de Juárez, México

Quetzalcóatl se aproximó a la cueva donde Mictlantecuhtli mantenía su base de operaciones. El olor que siempre rodeaba al dios de la muerte azteca era nauseabundo, y su olfato especialmente sensible le producía un malestar muy agudo. A veces se arrepentía de los cambios que había practicado en su cuerpo gracias al arte de los sacrificios tantos milenios atrás.

La entrada de la cueva estaba custodiada por varios de los esbirros de Mictlantecuhtli, bestias inmundas que se dedicaban a devorar los cuerpos sin vida que salían de los sacrificios humanos que aun al día de hoy practicaba el dios azteca. Algunos le gruñeron cuando se acercó, pero basto con una mirada de sus ojos de reptil para que se apartaran. La cueva estaba llena de huesos por todos lados. Quetzalcóatl sonrió, sabía que muchos de esos huesos no venían ni de intrusos ni de los sacrificios, sino de cementerios de los que había sido extraído para decorar la cueva. Incluso algunos no eran ni humanos. Mictlantecuhtli siempre había tenido un toque de dramatismo.

Lo encontró sentado en un trono de huesos, leyendo un periódico.

“Veo que al menos te intentas mantener informado de lo que pasa en el mundo.”

“Más que buscar información me delito leyendo lo que los mortales escriben. Su percepción de lo que ocurre en el mundo es fascinante.” Respondió Mictlantecuhtli. A pesar de que Quetzalcóatl no había anunciado su visita, Mictlantecuhtli no parecía sorprendido. “A que debo esta visita? Sé que ni a ti ni a Huitzilopochtli les gusta mi presencia y me imagine que nunca tendría el placer de recibirlos en mi casa.”

“Para con las palabras vacías. Por tu falta de sorpresa sé que sabias que vendría. No se cómo lo supiste, pero es igual. Si sabes que vendría sabes que es lo que vengo a pedirte.”

“Arrogante como siempre. Nunca cambiaras. Tus poderes y los del dios colibrí cada día son más débiles, mientras que los míos solo crecen. Nada de lo que hacéis vosotros se puede mantener en secreto de mí. Pero sin embargo aún no poseo un control total de tu poder de saberlo todo. Dime que te trae por aquí, y veré si mi poder está funcionando.”

“La guerra con los primigenios va mal…”

“No necesito el poder de la clarividencia para saber eso, con leer los periódicos de los mortales me basta. No necesito tu poderes para…”

“Silencio!” retumbo la voz de Quetzalcóatl. Mictlantecuhtli recordó inmediatamente que tan temible el dios de la sabiduría podía ser. “Se que pretendes suplantar a nuestro señor algún día, pero aún no lo has hecho y aun respondes a su voluntad! Y a la mía!”

El señor de la muerte pensó en contestar algo, pero decidió callar para evitar la cólera de Quetzalcóatl. Aun no estaba del todo preparado para moverse en su contra. Bajo los ojos en señal de sumisión, mientras se tragaba un poco sus deseos de acabar con el dios serpiente.

“La razón de mi vista es para decirte que tu presencia es requerida. Hemos identificado un punto donde podremos abrir un portal para intentar rescatar a los atlantes que fueron capturados durante la primera guerra.”

“Un portal? Como lo habéis descubierto?”

“Mis poderes aún son lo suficiente para determinar las alineaciones de energía en el mundo. He identificado un punto que los humanos han erigido un monumento usando materiales especiales. No sé muy bien de donde han sacado las indicaciones, pero es el único punto fácilmente accesible donde podremos realizar el ritual para abrir un portal. Puede ser que la guerra dependa de ello.”

“Y a mí me necesitas para qué?”

“El plan que hemos preparado requiere un sacrificio para activar el portal.”

“Y piensan sacrificarme a mí?” pregunto Mictlantecuhtli con una sonrisa “Recuerda que los sacrificios deben de ser voluntarios para que realmente funcionen…”

“Lo sé. Si pudiera te elegiría a ti o alguno de los otros de tu círculo. Pero no puede ser así. Ya se ha ofrecido alguien para el sacrificio. Te necesitamos para que realices el sacrificio. Tu eres un experto en ello, y solo tendremos una oportunidad” dijo el dios serpiente mientras se tragaba su orgullo por admitir que necesitaban a el despreciable del dios de la muerte.

“Y quien es el voluntario?”

“Dagda se ha presentado como voluntario.”

Mictlantecuhtli sonrió. Le causaría especial placer poder sacrificar a un líder de una familia atlante.

***

Espacio profundo

Apsu caminaba en círculos en su celda. Algo lo mantenía más inquieto hoy que de costumbre. Sus torturadores tenían tiempo que lo habían dejado solo, y no sabía porque. Era una nueva tortura en que lo dejarían descansar del constante dolor al que ya estaba bastante acostumbrado, de eso estaba seguro. Pero él era más listo que ellos… se estaban mordiendo la mano constantemente hasta que sacara sangre, y de vez en cuando paraba y somataba la cabeza contra la pared. En varios sitios de las paredes se podía ver las manchas de sangre donde había impactado.

No sabía cuánto tiempo llevaba encerrado en la celda, la noción del tiempo era imposible en este sitio. La luz tenue provenía de las paredes que brillaban levemente. La oscuridad era algo que Apsu añoraba… ni siquiera eso le permitían sus captores. Por mucho que intentara cerrar los ojos o taparlos con sus manos, nunca lograba conseguir total oscuridad.

De vez en cuando paraba de dar vueltas mientras escribía los nombre que flotaban en su mente con su sangre en las paredes. Nombres que no sabía de quien eran pero que tenían fuertes emociones asociadas con cada uno.

Cronos…. odio

Tiamat… amor

Amaterasu… desprecio

Escribía los tres nombres una y otra vez, en distintas escrituras y en distintos tamaños.

Los gritos de los otros prisioneros eran música para sus oídos. Incluso en su juventud los sonidos de sufrimiento le habían provocado placer, pero desde que se encontraba encerrado el deseo de oir sufrimiento lo consumía. Sus mismos alaridos de dolor cuando era torturado eran uno de los placeres de su existencia.

Paro un momento… era eso cierto? Desde que nació le gustaba el dolor? O era solo que su mente le hacía recordar eso para hacerle más llevadera su situación. Soltó un alarido de dolor, un dolor mental. Esos pequeños momentos en los que recobraba la cordura y lograba articular pensamientos complejos eran lo peor.

Miro el nombre de Tiamat que había escrito en la pared y su dedo recorrió las letras. Esto lo calmo un poco, siempre ocurría así. No sabía que significaba ese nombre pero al menos le producía una sensación placentera.

Sus ojos se posaron en el nombre de Cronos escrito en la pared y golpeo brutalmente la pared con su puño. Grito con todas sus fuerza, un grito que combinaba dolor, odio y placer.

En ese momento empezó a temblar todo…

***

Georgia, USA

Dagda se encontraba recostado contra las losas del monumento. Su mente daba vueltas sobre la decisión de Angus. Sabía que su hijo tenía razón, pero no podía dejar de pensar en lo que significaría su sacrificio. Era lo mejor para todos, pero su corazón de padre estaba partido por la decisión. Ningún padre debería de sufrir la muerte de un hijo.

Noto como dos figuras se acercaban al grupo. Reconoció a Quetzalcóatl inmediatamente, siempre se había llevado bien con el azteca y era de los pocos con los que había hablado del pasado desde su regreso. Al otro que venía con él no lo reconoció al momento, pero sabía quién era. El despreciable ser que llevaba años cambiándose y se hacía llamar Santa Muerte ahora. Le producía repulsión que tuvieran que involucrar a ese monstruo en esto, pero entendía que entre todos los atlantes él era el más indicado para llevar a cabo el ritual.

“Hola, poderoso padre celta” empezó Mictlantecuhtli, “tu decisión de sacrificarte por nuestra causa es muy noble, será un honor para mí llevar a cabo la ceremonia que per…”

“Silencio!” grito el dios colibrí que se encontraba ahí. “Dagda no será el sacrificio. Lo será el valiente Angus. Y no necesitamos tus palabras vacías. Has sido convocado aquí para realizar la ceremonia, no para que nos tortures con tus palabras vacías. Tu y yo ya tendremos una conversación más adelante sobre lo que has estado haciendo, por ahora haz tu trabajo!”

Mictlantecuhtli se estremeció. Si Quetzalcóatl era temible cuando se enojaba, Huitzilopochtli era terrorífico. Por algo era el señor de los aztecas. “Si, mi señor.” Se limitó a responder.

El altar del sacrificio ya se encontraba preparado. Angus había procedido a quitarse la camisa y se prostro en el de espaldas según las indicaciones de Quetzalcóatl. “Te ofrecería algo para el dolor, pero es parte del ritual. Lo siento.”

Una sonrisa se dibujó en la cara de Angus. “Si supiera que dolería, hubiera bebido una botella de whisky antes de venir.”

Dagda se puso de rodillas a la par de su hijo y le sostuvo la mano. “Debes de saber que nunca ha habido un padre que estuviera más orgulloso de su hijo que yo en este momento lo estoy de ti.”

“Solo espero que algún día nos lleves a la paz que merecemos tener, nosotros y los mortales.”

Padre e hijo intercambiaron una última mirada cuando el cuchillo de obsidiana de Mictlantecuhtli perforo el corazón del valiente dios del amor. Este soltó un leve grito. Dagda vio los ojos sin vida de su hijo y no pudo evitar que una lágrima cayera por su mejilla. Se la limpio rápidamente y se incorporó. Su orgullo de guerrero no le permitiría mostrar ningún sentimiento.

Mictlantecuhtli continuo con la parte del ritual que obligo a Dagda a mirar a otro lado. El corazón extraído de Angus fue levantado sobre su cuerpo sin vida. De el empezó a surgir estelas de energía que envolvieron el portal. Este empezó a temblar con la energía.

***

Espacio Profundo

El estruendo de un relámpago estallo por la fortaleza de Yog-Sothoth. En la plaza que había preparado el Todo en Uno y Uno en Todo para sus tropas monstruosas una fina línea plateada se dibujó. Nug se encontraba frente a sus tropas de necrófagos. Muchos de ellos se encontraban en varios estados de putrefacción. Yeb preparaba a sus tropas alienígenas amorfas para avanzar. Ninguna de estas grotescas criaturas era semejante entre ellas.

Detrás de los ejércitos se encontraban dos siluetas ocultas en la oscuridad que eran los que habían preparado la trampa. Varios años planeando el sitio perfecto y dirigiendo las acciones de La Orden desde la oscuridad los habían llevado a este momento. Por fin serian libres y podrían vengarse de los que los había encerrado.

La línea plateada tembló. Una gran explosión vino de la apertura, y en un instante la mitad de los ejércitos primigenios desaparecieron.

Las dos siluetas cayeron al suelo y se levantaron rápidamente.

“Que ha pasado? Esto no es lo que teníamos previsto que pasaría!”

“Estos locos han optado por usar más energía de la necesaria para abrir el portal! No sé de dónde han sacado esta fuente de poder. El portal es inestable!”

“Rápido” dijo la primera silueta mientras recogía su hacha del suelo y la blandía en señal de avance para sus ejércitos. “avanzad y destruid a los atlantes.”

Otras siluetas gigantescas y poderosas empezaron a movilizar a los ejércitos primigenios para arrasar con los atlantes. Incluso habiendo perdido la mitad de sus tropas los primigenios llevaban la ventaja. El grupo que se encontraba del otro lado era pequeño aunque poderoso, sería una gran victoria de los primigenios y al menos dos cabezas de familias atlantes caerían hoy.

La segunda silueta se volteo y vio que la explosión había dañado a la fortaleza de la Puerta de la Llave de Plata. En un momento comprendió lo que esto significaba. Con una mano detuvo el avance de su compañero. “Rápido, debemos de escondernos.”

“De que hablas? Esta batalla nos traerá una gran victoria.”

“Lo que nos traerá es la muerte si no nos ocultamos. Mira insensato! La prisión ha sido dañada. Ellos están libres!”

La segunda silueta comprendió al momento el temor que expresaba su compañero. Ambos corrieron a ocultarse.

***

Georgia, USA

El portal se abrió con una gran explosión. Los atlantes y sus aliados cayeron al suelo por la gran explosión. Cuando se levantaron vieron con horror como las hordas de los primigenios salían del portal. Todos se prepararon para pelear, blandiendo sus armas, aunque comprendieron que estaban perdidos. Eran demasiados los números de los invasores.

Algunos de los primeros monstruos que se abalanzaron sobre ellos cayeron fácilmente a los golpes de la vara de Dagda, pero eran demasiados incluso para el gran guerrero. Dagda grito “El sacrificio de mi hijo fue en vano! Después de que mate a todos los invasores vosotros aztecas seréis los siguientes!”

Huitzilopochtli no dijo nada. Comprendió el dolor del celta. Volteo la vista y vio como solo Quetzalcóatl estaba a su lado. Mictlantecuhtli había desaparecido. Si lograba sobrevivir a esta lo buscaría y arreglarían cuentas de una vez por todas.

Durante varios momentos tensos lograron mantener a raya a los invasores, pero pronto su gran numero los obligo a retroceder.

Una bestia de gran tamaño hecha de huesos gigantescos y con varios apéndices se abalanzo sobre Dagda y lo logro derribar de un tremendo golpe. Los dos aztecas estaban peleando espalda a espalda rodeados por los necrófagos mientras el gigantesco Nug se acercaba a eliminarlos. El resto de atlantes libraba igual sus batallas aunque la mayoría serian derrotados si no recibían ayuda.

De pronto, un grito estremecedor se oyó provenir del portal. En ese momento los tres atlantes vieron salir del portal a un gran grupo de guerreros que se abalanzaron sobre los primigenios. A pesar de no tener armas los desgarraban de lado a lado con sus propias manos. Más que un ejército organizado era un grupo de locos que atacaban todo lo que veían.

El respiro provocado por los guerreros les permitió a los atlantes reagruparse.

“Quienes son ellos?”

“No se, pero por la locura que veo en sus ojos no creo que sea bueno que nos quedemos a averiguarlo.”

En medio de la multitud de guerreros distinguieron una figura moviéndose entre ellos. Era una figura femenina que a pesar de estar cubierta de sangre la pudieron reconocer.

“Es Tiamat! Los sumerios se unen a nosotros!” dijo el dios colibrí y empezó a avanzar hacia ella.

“No lo creo.” Dijo Quetzalcóatl mientras lo detenía. “Lo que sea que está ahí podría parecerse a nuestra hermana, pero lo que habita en su interior es la locura total. Debemos de irnos y avisar a los demás lo que ha ocurrido aquí.”

“Típico de vosotros de huir cuando hay problemas, igual que hicieron hace tantos años. El hecho que nuestra hermana este acá significa que el valeroso sacrificio de mi hijo no fue en vano.” Bramo Dagda enfurecido “Yo me quedare para darle la bienvenida a Tiamat y los suyos.”

Quetzalcóatl entendió la ira de Dagda. Se acerco a Huitzilopochtli y le hablo “Sera mejor que nos marchemos, esto podría volverse poco placentero.”

“Si, e igual tenemos una alimaña a la que casar.”

***

En las sombras se encontraba un grupo de siluetas, las mismas que actuaban como lideres de los ejércitos primigenios

“Bueno, no es como lo planeamos pero creo que el que estos locos fueran liberados puede ser de nuestro beneficio. Ha causado Sonreíd, hermanos, hemos vuelto a la tierra y ahora seremos los que reinaremos sobre ella.”

“Cual es tu primer paso?”

“Buscare a mi hijo, Zeus.” Un relámpago perforo la oscuridad de la noche y dejo ver el rostro de su líder, Cronos. Este sonrió “Es hora de una reunión paternal.”