El Ouroboro (Historia)

Autor: Franky Lara

Ilustrador: Ernesto Gomis

El Ouroboro (I parte)

21 de diciembre de 2015
Svartalheim

La oscuridad de la taberna era inusual incluso para un antro como aquel, el hollín y el moho se habían adueñado del color de las paredes y una gruesa capa de polvo cubría todo lo demás, la cervecería estaba tan alejada del mundo como el mundo de ella, pues apenas nadie sabía de su existencia y los que la conocían habían aprendido a no frecuentarla, no estaba cerca de ningún camino, ni era sitio de paso a ningún lugar, ni viajeros despistados ni comerciantes perdidos la habrían encontrado de casualidad. Aun así el Drobiotik permanecía abierto, y en su interior dos charlatanes de lo más dispares compartían la mesa más alejada de la lumbre. Uno de ellos era alto y esbelto, cubierto por una gruesa capa de viaje de color verde oscuro rematada en una capucha, descansaba perezosamente sobre una silla mientras agitaba un brebaje de tonos rosados y verdes. El otro individuo de no más de un metro de altura y de complexión rechoncha, ataviado con una gabardina y un sombrero ambos de color negro, permanecía con las piernas colgando de un taburete, balanceando sus pies cubiertos por unos botines con hebillas. Emitía unos gruñidos mientras no dejaba de mirar su propia bebida con recelo. 
-Ñiñiñi si los dos hemos pedido lo mismo, porque la tuya tiene esos preciosos colores y la mía es de este marrón enfermizo?- Pregunto con una aflautada voz el pequeño encapuchado.
-Oh vamos, ya estas otra vez? -Una melodiosa risa escapo bajo las sombras de la capucha.- Quieres intercambiarlas?
-Ñiñiñi no, da igual, eres muy capaz de envenenar tu propia copa, solo para que acabe bebiéndomela yo.- Respondió el bajito ser y dio un sorbo a su bebida.
-Veo que no temes que envenenase las dos, aun no sé porque me ayudaste a liberarme hace tres años. -Levanto su copa en señal de brindis y bebió de ella.
-Ñiñiñi yo tampoco lo se Ñiñiñi.- Refunfuño el hombrecillo con su habitual ñiñiñi.
-Claro que lo sabes, como también sabes que mereció la pena sobre todo para ti, en fin ya sabes lo que necesito, encuéntralos y reúnelos.
-Ñiñiñi accederán?
- La voz se volvió más firme y tomo un tono más serio.- Han sido tres largos años amigo mío, ya falta muy poco.- De un bolsillo de la oscura capa saco un colgante con la forma de una serpiente mordiéndose la cola y lo deslizo por la mesa.- Muéstrales esto.
Una diminuta mano atrapo el Ouroboro y de un salto el pequeño hombrecillo se dirigió hacia la salida de la oscura taberna, arrojo una moneda al tabernero y con un último "ñiñiñi" emprendió su misión.

28 de diciembre de 2015
Nifleheim

El rastro era fresco y podía seguirse sin dificultad en la nieve, sin dificultad para un Jotun o incluso para un humano, pero para un ser de su estatura todo presentaba una dificultad añadida. Así que no sin esfuerzo el pequeño humanoide continuo avanzando por el helado bosque. Las huellas de lobo tenían un tamaño descomunal, sin duda era el rastro correcto y conducía a una negra cueva en la montaña, su aspecto habría hecho dar la vuelta al más osado, ni los dvergar y svartalfar acostumbrados a las profundidades se atreverían a penetrar en aquella caverna. Por suerte el no pertenecía a ninguna de esas razas, él era un drobbit, de hecho él era El Drobbit y solo una cosa podía hacer encogerse a su corazón y desde luego no se escondía en esa cueva. Con paso decidido entro en la caverna, sus pequeños ojos verdes acostumbrados a la oscuridad le permitían ver perfectamente en la negra grieta, aun así encendió un pequeño farolillo antes de adentrarse más en el interior de la montaña.
La criatura percibió el olor mucho antes que la luz, que clase de insensato profanaba su morada? La rabia empezó a adueñarse de su ser al instante, su cuerpo se tensó, sus cuatro patas dispuestas para saltar, una espuma blanca se formaba en su hocico mientras la luz continuaba acercándose.
Cuando el Drobbit entro en la gran sala vio de inmediato al gran lobo, era imponente, más de un metro y medio separaba su negro lomo del suelo, sus ojos inyectados en sangre no le quitaban la vista de encima, sus potentes patas rematadas en garras arañaban la piedra.
-Ñiñiñi, por fin te he encontrado.- Sonrío el Drobbit y saco de un bolsillo de su capucha un colgante dorado.
En cuanto la criatura poso sus ojos en el Ouroboro de oricalco volvió a invadirle la paz y la tranquilidad.
-Grrrr quien eres y como estas en posesión de ese colgante.- Gruño la gran bestia a través de sus fauces repletas de dientes.
-Ñiñiñi, soy el portador del Ouroboro y eso es cuanto te interesa por el momento, hiciste una promesa sobre él hace tiempo, lo recuerdas?
-Grrrr, mi promesa no incluía obedecer al desayuno.- Amenazo el lobo.
-Ñiñiñi, el desayuno dices? Me sobrestimas, para ti no sería ni un aperitivo.- Bromeó El Drobbit.- En cualquier caso no me puedo entretener más, he de ir a por Narfi.
-Mi hermano?
-Ñiñiñi, sabes que no puedo mentir, cumplirás con tu promesa y me seguirás Váli?- Tras decir esto el humanoide guardo de nuevo el colgante y se encamino hacia la salida. El lobo no tardo en seguirlo.
 
El Ouroboro (parte II)

30 de diciembre de 2015
Helheim

La cueva en la cima de la montaña, Gnipahellir, una imponente caverna a las puertas del inframundo nórdico era el próximo obstáculo a sortear, el tintineo metálico de una cadena anunciaba la presencia del guardián, un enorme sabueso del tamaño de un caballo no tardo en bloquearles el paso, su pelaje era marrón como el cuero envejecido, excepto el pecho que era de un rojo intenso dando la impresión de estar cubierto de sangre.
-Ñiñiñi, no hay perros pequeños por estas tierras?.- Soltó El Drobbit sin dirigirse a nadie en particular.
- Nos los comemos.- Le espeto Váli y mirándolo bien añadió.- A los hombrecillos pequeños también nos los comemos.
-Ñiñiñi, ya. Y a los grandes también por lo que he oído.- Le contesto al lobo y continuo avanzando hacia las puertas.
-A donde os dirigís? Ningún mortal toma este camino por voluntad propia.- Ladró el gran sabueso.
-Grrrr, nos impedirás la entrada Garmr?- Pregunto en tono amenazador Váli, dando un paso al frente.
-No ese mi cometido.-Respondió con indiferencia Garmr mientras se tumbaba perezosamente sobre sus patas.- Mi labor consiste en que ningún hombre que entre llegue a salir.
-Ñiñiñi, eso simplifica las cosas, puesto que yo no soy ningún hombre.- Sonrío El Drobbit.
-No, tu solo eres medio hombre y ten por seguro que si esa mitad entra ahí se quedara.- Bostezo el gran perro que cada vez parecía más somnoliento.
-Grrr, entrare yo solo, puedes esperar aquí rascándole las orejas al chucho.- Y con este último comentario Váli atravesó las puertas.
-Desconozco vuestro propósito aquí pequeño mortal, pero te advierto, nada que pertenezca a Helheim puede abandonarlo.- Advirtió el gran sabueso.
-Ñiñiñi, Descuida Garmr, no somos ladrones ni venimos a liberar a nadie de su castigo, un viejo amigo se dejó aquí algo suyo y nos ha pedido que lo recojamos.- Dijo El Drobbit escogiendo con cuidado sus palabras.
-Veo la verdad en lo que dices, espero que así sea.- Con estas últimas palabras el monstruoso perro se quedó dormido o esa impresión daba, pues mantenía un ojo abierto con la mirada clavada en la puerta.
Tres días pasaron sin ninguna noticia, Garmr dormitaba la mayor parte del tiempo y El Drobbit, ocupaba su tiempo tramando sus siguientes movimientos, consultando las lecturas que portaba en su petate y esperando que Váli no hubiese caído en ninguna de las numerosas trampas que sembraban el Helheim. Llego el amanecer del cuarto día, si se le podía llamar así, pues ningún sol era visible en aquellas tierras, únicamente se apreciaba un descenso de la oscuridad y El Drobbit comenzaba a preocuparse cuando reapareció Váli, cargaba con unas pesadas cadenas que tenía atrapadas entre sus fauces, tenía un aspecto maltrecho y cansado. Inmediatamente Garmr se puso en guardia.
-Creí haber dejado claro que nada podía salir del inframundo.- Ladro el sabueso abandonando su tono hasta ahora indiferente.
-Ñiñiñi, y así es, mi querido amigo, tú mismo puedes comprobar que estas cadenas no pertenecen al inframundo.- El hombrecillo le hizo un gesto tranquilizador al gran lobo y este a regañadientes le lanzo las cadenas al sabueso.
Garmr olfateo minuciosamente los eslabones de hierro, una a una capturo el olor de aquel juego de tres largas cadenas.
-Estas son las ataduras que mantuvieron preso a Loki.- Sentencio el sabueso.- Son propiedad de Helheim y no os las podéis llevar.
-Ñiñiñi, estas en lo cierto Garmr, tu olfato es prodigioso, estas son las cadenas que se usaron para retener al dios de la mentiras, ñiñiñi, pero como también sabrás ya las llevaba puestas cuando entro en el Helheim y por tanto son tan suyas como sus ropas.- Mientras El Drobbit pronunciaba sus palabras Váli volvió a sujetar las cadenas entre sus colmillos.- Ñiñiñi, a menos que alguna vez Hela te halla mencionado que las reclamaba como suyas.- Sugirió.- Ha sido así Garmr?
-No.- Admitió el enorme perro y con gesto abatido volvió a tumbarse resignado.
-Ñiñiñi, en ese caso me temo que nos las llevamos, date prisa Váli, te has demorado mucho hay dentro.- Dijo el hombrecillo dándoles la espalda a los dos canes.
-Grrrrr... - Gruño el lobo antes de seguirlo.

Unas horas después se disponían a acampar para pasar la noche, las cadenas estaban guardadas en unos sacos que Váli transportaba a modo de alforjas, El Drobbit había sugerido que, ya puestos, quizás él también podría montar sobre su grupa, la ocurrencia no había gustado nada a la bestia y por tanto los dos habían continuado a pie hasta una pequeña cueva donde cobijarse del frio del Nifelheim.
-Grrr, dime Drobbit, cuando iremos a buscar a mi hermano?- Pregunto el lobo mientras el hombrecillo encendía un fuego con ramas secas.
-Ñiñiñi, no sabes nada del verdad?- El fuego prendió por fin y El Drobbit fue hacia uno de los sacos y esparció su contenido por el suelo.- Este es tu hermano, Váli, estas cadenas son Narfi.
-Grrr, malditos dioses, que le han hecho?- Pregunto el gran lobo sintiendo como la rabia y el odio volvían a invadirlo. Sabia la respuesta, ahora lo recordaba todo, él mismo era el culpable, él había despedazado a su propio hermano cuando lo convirtieron en lobo, las cadenas desparramadas por el suelo eran las entrañas de Narfi convertidas en metal. 
El Ouroboro (parte III)

7 de enero de 2016
Islandia

El capitán del navío escoces sonrío al recibir la otra mitad de su paga, transportar al pequeño duendecillo y su contenedor desde las islas Shetland hasta aquel puerto de Islandia le había reportado unos beneficios extra nada desdeñables. Si a eso le sumaba el pago que recibiría por la venta de su lista de pasajeros los números salían redondos. El viejo capitán del "Alba II" acariciaba la cubierta mientras los marinos y el personal portuario desembarcaban el resto de mercancías cuando se percató de la presencia del ser que le observaba, una figura de muy baja estatura y cubierta por completo con una capa blanca como la nieve y un turbante con velo del mismo color, el viejo lobo de mar le hizo una seña, y el hombrecillo subió por la pasarela.
-Imagino que eres el contacto?- Pregunto el capitán que volvía a sonreír ante el inminente pago, el pequeño ser no se inmuto, aunque hubiese sido difícil determinarlo con seguridad, pues tan solo una fina línea de piel negra como el azabache se vislumbraba a través del nivel velo.- Supongo que sí, quien más podrías ser.- Río de forma nerviosa el marino.- Supongo que tienes el oro?- Los verdes ojos, como dos esmeraldas engastadas en la negra piel, continuaban clavados en el capitán. -Quieres primero la información? Está bien, eran dos, un hombrecillo más o menos de tu tamaño y una criatura encerrada en un contenedor, varios marineros confirmaron que emitía gruñidos como un gran perro o un lobo.- El viejo navegante espero alguna reacción, finalmente se dio por vencido y continuo.- No pude sacar mucha información aparte de lo que ya sabía, que embarcaron en Lerwick y que buscaban transporte hasta "la fortaleza oscura" aquí en Islandia. Eso es todo lo que se, creo que me he ganado mi oro.- Soltó el lobo de mar, borrada ya toda cordialidad de sus palabras, empezaba a caerle mal aquel pequeño ser.
-Ñeñeñe.- Dijo por fin el hombrecillo mientras rebuscaba entre los pliegues de su nacarada capa. La sonrisa del capitán volvió a su rostro al distinguir el brillo metálico, más se tornó en horror al ver que no se trataba del dorado de las monedas, si no del frio acero de un puñal.

Varios kilómetros tierra adentro en una oscura caverna de las muchas que se hallaban en aquellos espectaculares campos de lava llamados "Dimmuborgir", una diosa nórdica examinaba un juego de cadenas.
-De acuerdo.- Dijo Hela. -Cumpliré mi promesa.- El Drobbit y Váli asintieron en la silenciosa oscuridad de la cueva.

 
El Ouroboro (parte IV)
8 de enero de 2016
Islandia

-Te has fijado en las monedas con las que paga ese tipo de la barra? -La voz de Hela era dulce como un beso envenenado.
-Ñiñiñi, si, son de oro, es más común de lo que crees en estos tiempos. -Repuso El Drobbit mientras apuraba su cerveza. -El dinero ya no vale nada, es papel mojado, pero el oro, ñiñiñi, el oro nunca pierde su valor.
-No son unas monedas cualesquiera, son antiguas, de Asgard me atrevería a decir desde aquí.- La diosa nórdica apuro su copa de vino y se ajustó la capa. -Me pregunto qué harán en manos de ese tipo, otra copa?

Al cabo de un buen rato El Drobbit volvió al oscuro rincón de la taberna donde aguardaba Hela, dejo nuevas bebidas sobre la mesa y de un saltito se sentó en la silla.
-Ñiñiñi, se trata de un tal Boya , es capitán de un pesquero ruso, lleva unas cuantas copas y va bastante suelto de lengua.- Informo el pequeño embaucador. -Según cuenta, ñiñiñi, una preciosa chica lo contrato como transporte para ir al polo norte, estaba interesada en los rumores que han corrido últimamente por aquellas latitudes sobre un gran lobo.
-Maldita sea, eso significa que se nos han adelantado, quien más puede estar buscando a Finir y para qué? -La voz de Hela continuaba siendo dulce pero cada vez tenía más regusto a hiel.
-Ñiñiñi, eso no es todo, el capitán del barco que nos trajo desde las Shetland a Váli y a mí, fue asesinado poco después de que desembarcáramos. -El Drobbit trato de inspeccionar el rostro de la diosa,  pero la capucha le oscurecía totalmente la cara. -No creo que nada de todo esto sean coincidencias, ñiñiñi, deberíamos estar alerta.
-Esta noche volveremos a mi fortaleza, necesitaremos recabar más información antes de continuar la búsqueda. -La delicada mano de Hela dejo la copa sobre la mesa con suavidad, oculta bajo la capa su garra esquelética se cerraba en un puño incapaz de contener su ira.

-Grrr, no sé qué es peor, si estar encerrado aquí dentro o que conduzca Hela. -Gruño Váli.
-Ñiñiñi, no pusieron reparo en volver a alquilarnos el transporte de caballos, pero me fue imposible volver a convencer al chofer. -Se lamentó El Drobbit ante otra de las bruscas sacudidas del vehículo. - La verdad es que se le echa de... -El automóvil se detuvo de golpe y los dos ocupantes de la celda fueron despedidos hacia la parte delantera.
Entre gruñidos y quejidos salieron de la celda y descubrieron el motivo del frenazo, tres magníficos corceles les cerraban el paso, uno era negro como la obsidiana y su crin era como la plata batida, su nombre era Hrímfaxi y su jinete era Nótt. A su lado estaba Dagr, que montaba a Skínfaxi, un caballo blanco con el cabello dorado. Pero sin duda el más espectacular de los equinos era Sleipnir.

A la débil luz crepuscular, el pequeño hombrecillo de negra piel observaba el encuentro con sus penetrantes ojos esmeralda, el sonido de la conversación no llegaba hasta sus oídos, pero una imagen vale más que mil palabras, tras una breve charla, Hela le mostro unas cadenas a Nótt y Dagr, estos las examinaron y con un gesto de dolor la diosa Noche se las devolvió a la señora del Hellheim, luego El Drobbit les enseño un colgante que guardaba bajo la ropa y los demás asintieron. Acto seguido los dos jinetes espolearon a sus corceles y tomaron direcciones opuestas. El resto del grupo, junto con el caballo de ocho patas, continuo hacia la Fortaleza Oscura.
Cuando se internaron en el Dimmuborgen guardó los prismáticos entre sus blancos ropajes y se encaminó de nuevo hacia el puerto, ya sabía quién tenía el Ouroboro, una vez confirmadas sus sospechas solo necesitaba adelantarse al Drobbit, y el sabia donde se encontraba la siguiente pieza del rompecabezas.