El final de la Segunda Gran Guerra (Historia)

Autor: Ivor

Ilustrador : Ramon Romero

Decisión del Ganador del 2ºCampeonato de España: Dabla Hernandez

Amaterasu dudaba si eran horas, días o semanas lo que llevaban luchando en aquella basta y desolada masa de hielo. El Sol no se escondía, eso era algo a su favor, el verano austral. Bajaba hasta la línea del horizonte para volver a subir. La Diosa contaba con ello.
Tras la batalla contra Yig los ánimos de las tropas habían crecido y desde ese momento no habían dejado de avanzar posiciones. Tenían las tropas luchando y avanzando entre las calles de la ciudad. Los hindús habían llegado de la mano de Atenea. Zeus había cumplido su palabra una vez más, su fiel amigo. Zeus había enviado a Atenea a por otra de las familias secuestradas en la Primera Gran Guerra. Ya quedaban menos si todo iba bien pronto podría tachar otra de sus asignaturas pendientes. El dolor de Amaterasu se mitigaba poco a poco.
En el campamento Thot había organizado un hospital de la nada. Era maravilloso y con la ayuda de Narada y Agastya todos estaban siendo atendidos y sanados con las magníficas técnicas Egipcia e Hindú, sanando cuerpo y cordura dañadas. Los humanos parecían haber perdido el norte ante tanta locura y caos. Los sabios hindús habían marcado un antes y un después en el avance de la guerra.
La compenetración de las familias y el avance de las filas eran inmejorables. Parecían un solo ejército. Por el flanco derecho Thor y Musubi luchaban codo con codo abatiendo bestias a su paso. Atenea,  Bhudevi y Gajendra y las hordas de Hanuman habían convertido en trapos sucios una legión de la tumba de sectarios levantada de los cuerpos humanos y ahora se encontraban inmovilizando un Cthonian gigante cerca de la universidad de la Atlántida cosas que traía muchos recuerdos a Atenea.  Tenía una deuda con aquel lugar. Debía entrar, debía buscar su antiguo despacho. En un estante escondido había dejado a su amigo, un pequeño ser mecánico con grandes ojos y alas metálicas, su mochuelo.
 
Otra horda de ángeles descarnados caía como moscas abatidos por las hordas de hombres cuervos de O Tengu, los Nues de Yama-uba y los rayos de Tlaloc. El flanco izquierdo avanzaba hacia el centro de la ciudad.
Amaterasu, Zeus, Odín, Ra, Dagdha Visnú, Enki y sus respetivas manos derechas avanzaban por la plaza central sin miedo y sin pausa. Cada paso se dibujaba en una sonrisa. El rayo de Zeus atravesaba monstruos sin pausa, El disco de Visnú hacia implosionar miembros. Ra abrasaba y convertía en cenizas todo cuerpo escamoso que se ponía en su paso. Hasta el cuervo de Odín contribuía a la batalla picando ojos que traía a su soberano.
-Algo no va bien- Sospechaba Amaterasu- El tentáculo se ha replegado en el palacio de justicia.
-Si algo nos favorece tendríamos que mirar el lado positivo ¿no crees? Somos poderosos y se han dado cuenta – Hades replicó mientras clavó sus garras dejando inerte el cuerpo deformado de Wylbur- Que hedor echan estos seres.
-Amaterasu tiene razón –Sentenció Ra tomando aliento – Es demasiado fácil, son feroces criaturas pero dónde están sus generales, hace horas que no vemos más que monstruos y ningún mando.
- Están todos en el centro de mando es una táctica de agotamiento, nosotros la hemos aplicado en miles de batallas –Odín señalo de nuevo el Palacio de Justicia – Debemos ir al centro neurálgico debemos seguir el plan debemos destruir de nuevo la Atlántida.
Tiamat bramó con un aullido que hizo retroceder hasta a la criatura Byakhee que acababa de llegar a ellos.
-Dijisteis que fue un error, al activar ese mecanismo muchos quedamos atrapados ¿volveremos a hacer lo mismo? Ese no era el trato Ra, pienso arrancarte las entrañas pajarraco, me has mentido- La boca de Tiamat se abrió incomensurablemente y de ella brotaban serpes de tantos colores que hasta el mismísimo arcoíris la habría envidiado.
-¡Alto!- Gritó Amaterasu – Nadie destruirá nuestra ciudad otra vez. Sobre mi cadáver. Una vez tomé esa decisión y cada segundo de estos miles de años me arrepentí de esa decisión. Moriría honorablemente sobre este hielo antes de volver a tomar una decisión así.
- No es tu decisión zorra… ya no eres nuestra comandante – Gruñó Morrigan clavando su flecha en la sien de otro sectario alzado.
- Sí es nuestra comandante siempre lo será, gracias a ella y su plan estamos vivos y aquí. Ella encontró los portales y nos pidió ir a por vosotros- Zeus cogió a Morrigan por el cuello alzando sus pies de la tierra – No quiero hacerte daño Diosa de los Cuervos pero tu tozudez es insultante. Si ella no hubiera activado el mecanismo hace miles de años no estaríamos aquí ninguno, no se tu pero yo agradezco que me salven la vida.
Dagdha tragó saliva, sabía que lo que decían era cierto, lo notaba en su ser.
-Es mi comandante – Ra alzó su ojo.
-Es mi comandante- Odín alzó a Gungnir.
- Es mi comandante – Dijo Tiamat que había recompuesto su rostro y tragado serpientes y orgullo por igual para decir esa frase.
-Es mi comandante – El disco de Visnú giraba sobre la solemnidad y paz que emanaba él mismo.
- Es mi comandante – susurró Dagdha y puso un mano concitadora en el hombro de Morrigan que ya estaba en el suelo y liberada del jugo de Zeus.
Amaterasu apretó su espejo para disimular el temblor de sus manos.
-Al ataque entonces, debemos descubrir que traman y aniquilar sus intenciones. No será fácil ni serán limpias tácticas la que tomen pero juntos lo conseguiremos.
Paso a paso llegaron a las gigantescas puertas del Palacio de justicia.
 
Al otro lado de las puertas de la ciudad...

Mientras tanto Tyr, Khone, Upuat, Belenus iban a las órdenes de Kali con una misión muy específica. Apresar a las valkirias sin que estas sufrieran daño alguno. Odín había encomendado la misión mientras ellos avanzaban con la comitiva. Necesitaba saber que su familia seria curada. Ese brillo verdoso en sus ojos las hacía fuera de sí. No eran sus hijas y debían ser sanadas. Serían llevadas a Thot y los Rishis los sabios hindús ellos sabrían como sanar sus mentes contaminadas por aquel ser.
 
La batalla era dura y encarnizada pues ellas atacaban sin piedad y arremetían con crueldad mientras que el bando aliado solo podía parar golpes e intentar mitigar sus fuerzas para atraparlas.
Tyr había sido acorralado por Sigrun  e Yvette contra unas rocas, lo habían desarmado. En ese momento un general humano arremetió contra Sigrun derribándola, había sido un gran placaje. La valkiria se golpeó con una de las rocas y quedó incosciente.
-¿Cómo osas humano a tocar a mi hermana? Dime tu nombre yo misma te llevaré al inframundo a pagar por tu arrogancia-Yvette ardía de rabia.
- Mi nombre es Dabla, general Dabla y seré yo quien os haga dar cuenta de vuestros delitos.
Tyr aprovechó la distracción y apresó a Yvette. Inmovilizándola con una soga forjada por enanos en las forjas de Nidavellir.
-Gracias General necesitamos apresar a nuestras hermanas las valkirias algo a contaminado su mente, tengo una deuda de sangre contigo. Tyr no olvida.
- Contad con mis hombres. Es el mejor escuadrón de fuerzas especiales. Haremos honor a nuestra fama- Dabla levanto los cuellos de su chaqueta y volvió a cargar contra otra de las valkirias que luchaba contra Belenus.
“Sería un buen fichaje para nuestra familia” Pensó Tyr mientras apresaba a Sigrun que seguía incosciente.
Pero no contaban con Thorey hacía tiempo que no la tenían localizada y era el lugar teniente de Brenna la más peligrosa de entre todas las Valkirias. Kali sabía que aparecería en cualquier momento y no sería fácil la lucha contra ella. Los ocho brazos de la Diosa iban armados y custodiaban a las valkirias apresadas. No dejaría que Thorey se acercara.  No contó con la ayuda que les brindaría Itaqua. El monstruoso ser apareció de la nada detrás de la Diosa de  piel azul. Y clavó una de sus garras en el costado haciéndola estremecer.
-Sigiloso como una serpiente Itaqua suele ser. En tus entrañas calientes retuerzo parte de mi ser. – Susurraba al oído de la Diosa que estaba inmovilizada por el dolor. Esas garras crecían y crecían dentro de ella apretando sus órganos vitales.
Thorey comenzó a liberar a sus hermanas cautivas y a devolverles sus armas para continuar con la batalla y arrasar por la retaguardia. Eran una veintena pero la sorpresa sería su aliada, cuando de pronto una mano cruzó su cara.
Brenna la había abofeteado. ¿Qué hacia allí? Había marchado en su búsqueda personal, y no había regresado sola. Un ser envuelto en vendas y restos de tela amarilla que ondoneaba en el aire. No había viento cómo ondeaban esos tejidos se preguntaba la valkiria mientras se dolía del guantazo y del orgullo que le había propinado su antigua superior.
El monje Pak llevaba un manuscrito antiguo de cobertura de piel el cual Itaqua reconoció al instante.
-No oso creer que vuelvas a ayudar a este ser.- El ser de hielo recriminó al Rey Amarillo. – Hastur no serás perdonado otra vez más, no haces nada más que jugar.
El Rey amarillo no pronunció palabra alguna en voz alta pero el tatuaje de Pak volvía a brillar y en su mente le instó a cantar el hechizo que debía liberar a las valkirias.
El monje comenzó a entonar y sintió como su voz se alzaba más y más. Como su voz salía de él y se transformaba en un canto ensordecedor. Justo en ese momento reconoció la voz que salía de si y no le pertenecía. Era la voz que le aconsejaba era la voz que le había ayudado todos estos años y dado pistas para seguir. Era la voz de Hastur.
El seguía a su lado inmóvil como una estatua recubierta de telajes amarillos y raídos. Pak era su portavoz. Siempre lo había sido. El Rey amarillo lo eligió hace mucho tiempo. Ahora todo encajaba.
Itaqua se sentía débil y Kali aprovecho el momento apretando los dientes por el dolor giró su costado sin sacar de ella la garra del monstruo. Y sus ocho hojas a la vez en un movimiento limpio sesgaron su cuello. El Itaqua cayó inerte arrancando parte del intestino de la Diosa. Esta se desmayó al instante de ver que había logrado su objetivo.
Las Valkirias fueron despertando. Yvette ya estaba rogando disculpas a su general. Thorey lloraba en silencio. Sigrun golpeaba la roca con rabia.
-No es momento de lamentaciones. Hemos perdido fuerzas y tiempo y nuestro Padre lucha solo frente a las puertas de la ciudad. ¿Vamos a seguir perdiento el tiempo? – Gritó Brenna reconfortando a sus hermanas.
-¡NOOOOOOO! – Gritaron todas a una. Y cabalgaron juntas una vez más, todas a una sobre pegasos blancos con armaduras de guerra.
 
Tyr tomó en sus brazos a la Diosa Kali con cuidado.
-Tranquila los egipcios te sanarán. Tú monje hay más como ellas. Los humanos son más débiles ante las taras en la cordura. Todos necesitarán de tu canto. Acompáñame a nuestro campamento.
Pak estaba de nuevo solo, Hastur había desaparecido no sentía su presencia ni siquiera en la lejanía. El no sabría entonar de nuevo el cantico solo no… esos símbolos eran ilegibles para el e intentó explicárselo al guerrero nórdico.
-Monje tu trae el libro, seguro que los sabios Hindús y Egipcios sabrán interpretarlo han pasado milenios estudiando esos malnacidos símbolos.
El monje asintió, ayudaría en lo que fuera posible.                                             
 
 
Marduk y Gilgamesh habían derrotado otra horda y recontaban bajas, Heracles, Ueman y el Gran Carnofago y sus criaturas habían parado en la primera fila. Sus cuerpos serían honrados.
Ahora sonó el cuerno de llamada todos debían reunirse en la entrada. El último asedio iba a tener lugar. La adrenalina corría por sus venas era el fin de la batalla.
Todos temían que los Gigantescos Primigenios no iban a dejar que ganasen la batalla. Ahora comenzaba de verdad la guerra. El resto había sido un aperitivo.
Zeus apretaba su rayo para darse valor y serenidad.  Odín asintió a la Diosa Sol. Amaterasu dio la orden.
-¡Derribad la puerta! Que no sobreviva nada, arrasad con ellos. ¡La Atlántida es nuestro Hogar! ¡A la humanidad debemos salvar!
 
Las gigantescas puertas cayeron y subieron la escalinata a gran velocidad dispuestos a cargar todos a una todos unidos todos como hermanos. Dioses, Humanos, Criaturas, Demonios de todas las familias con todas sus armas y tecnologías no podrían perder. Esta vez no esta vez estaban preparados, estaban listos. Era la gran batalla final.
En esa sala todos los demonios se habían reunido hacía meses y había comenzado todo.
En esa sala donde se encontraba el gran portal el primero de todos. El portal que abrieron la primera vez por error. El gran portal que activo Amaterasu para hundir la Atlántida y con ella salvar a la humanidad milenios antes.
En esa sala… al atravesar el umbral comenzaría la lucha… en esa sala… ¡No había nadie!
El Portal humeaba, lo habían activado e inutilizado. Estaba partido en dos. Una vez todos hubieron llegado miraban alrededor intentando comprender. Los gritos de guerra y alzamientos de heroicidad dieron lugar al silencio.
Amaterasu hinco las rodillas en el suelo y gruñó de rabia.
-¡Argggggggggggggg! Maldita sea era una trampa nos han engañado. –Su pelo ardía sin quemarse. El mármol bajo sus manos se resquebrajo. Y alzó el rostro en lágrimas con los ojos derrotados.
- ¿Dónde están han huido? ¡Cobardes! No pueden eludir la batalla.- Odín bramó y golpeó una columna la cual cayó hecha añicos a sus pies.
-No han huido –Explicó Ra que había entendido la treta-Nos han encerrado. No llegaremos a tiempo a la verdadera batalla.
Amaterasu alzó su espejo el cual les dio visión de lo que estaba sucediendo realmente.
Todos los portales de la Tierra se habían abierto a la vez. Y de ellos en cientos de ciudades salían monstruos sin fin. Arrasando todo a su paso. Quemando, destrozando, derribando, aniquilando…
Y ellos estaban todos allí sin posibilidad de protegerlos. Habían dejado el mundo sin defensa. Miles de años antes Amaterasu activo el mecanismo de defensa y el portal quedó hundido e inutilizado, no era un arma para vencerlos era la puerta para atraparlos y que no pudieran defender a su reino, su mundo.
Ahora habían caído en la verdadera trampa y millones de humanos lo estaban pasando.
York, New york, Roma, Grecia, El Cairo, México, Moscú, Estambul, Beijing, Praga, Marrakech, Paris, Hanói, Sien Real, Shanghái,  Berlín, San Petersburgo, Dubái, Chicago, Ciudad del Cabo, Bangkok, Budapest, Sídney, Lisboa, Chiang Mai, San Francisco, Barcelona… todo estaba siendo reducido a cenizas y ruinas.
Estaban atacando industrias, recursos naturales y aniquilando toda fuente de tecnología…
Habían perdido la guerra.

Unas horas después en el arca de Yamato…
El Arca de Yamato y el resto de las naves  volvían a sus panteones con los sobrevivientes y los heridos. Todos volvían a casa con la derrota en su ser. A reconstruir lo que pudieran y salvar lo poco salvable que hubieran dejado. Habían enterrado a sus caídos en el campo de batalla.
 Trisha y los componentes de la madriguera viajaban con Amaterasu. Pak había elegido visitar África por información si todos los portales se habían abierto es posible que alguna mitología más hubiera escapado de las que fueron capturadas y podrían tener más información primigenia. Presentía que debía ir allí.
Algunas ciudades habían sobrevivido debían ayudar a esos humanos.
-Mi señora… ¿Volverán los Primigenios? – Midori ayudaba a su señora a quitarse la armadura.
-La última vez tardaron mil años. Pero ahora no somos rivales para ellos. Han conseguido su propósito ya no somos divertidos. Ellos juegan con nosotros.
- Hemos hecho todo lo posible mi señora. Ahora tenemos mucho trabajo por delante. Y los supervivientes la necesitan.
- ¿De verdad crees eso Midori? Yo no estoy tan segura. – miró su espejo. Japón estaba a salvo. El motivo de eso sería un nuevo reto.
 
Mientras tanto en la nave griega…
Las naves Egipcias habían sido sacrificadas contra las murallas de la Atlántida y los griegos transportaban a los heridos a Egipto para ser curados antes de volver a Grecia.
Hades fue a visitar a Anubis.
-Hermano, sé que estas herido pero  necesito saber una cosa. – El Dios del inframundo había dado más de mil vueltas a una idea y una sensación que atormentaba su mente.
- Pensé... cof cof que… era.. Por estar herido… cof...cof – Anubis hablaba entre tos y dolor intentando incorporarse.
Las almas caídas en la batalla eran miles, cientos de miles, millones y debería haber dado poder a los guardianes del Inframundo debían haber notado la presencia y su entrada a sus reinos.
-Mantengamos la calma, no puede ser… es imposible debe pasar algo en nuestras puertas. Ahora descansa te mantendré informado. – Hades inspiró profundamente y dio la mano a su amigo y compañero Egipcio.