El deshielo de Byakhee (Historia)

Relato de : LaAnjanaBrenna

Decisión de la ganador del 4º Torneo de Influencia Primigenia : Pablo Pintor

Olaus Wormius  estaba arruinado, de eso no quedaba la menor duda.  El cómo un hombre con la estabilidad económica de la que había disfrutado durante tantos años había terminado hipotecando sus propiedades y viviendo de la caridad era un secreto a voces.
Olaus  había perdido propiedades, amigos y cordura por su extrema adicción al conocimiento, como El mismo decía. El  ansia de conocer es lo que le había convertido en lo que actualmente era. Ir más allá en sus investigaciones en  sus hasta ahora fallidas expediciones,  le habían llevado a la mas absoluta de las ruinas. Aún así esperaba conseguir los fondos necesarios que le permitiesen finalizar la tarea a la que estaba predestinado.
 
En los últimos tiempos, el mundo parecía haber cambiado lo suficiente como para que las extravagancias del Señor Wormins, fuesen tomadas más en cuenta.
 Había gastado los últimos ahorros en dormir en una cama blanda, darse un baño y lavar el único traje decente que le quedaba.  Ataviado como todo un caballero, incluyendo un abultado y desordenado maletín, salió  hacia su destino, El Instituto de Estudio de Sucesos y Entes Paranormales. Los mismos que en el pasado se habían reído de sus ideas, le habían localizado y deseaban hablar con El.
 
¿Que esperaba Olaus de aquella reunión? … tan solo dinero.
 
Se había estado preparando para esto durante toda su vida. Había comprado libros  antiguos, visitados los cinco continentes, hablado con chamanes, brujos, profetas… Lo había intentado en varias ocasiones…fracasadas todas y  una nueva oportunidad, quizás la última se cernía sobre El.
 
Tenía el Silbato. Tenía la piedra. Sabía exactamente cual era el lugar. Solo necesitaba poder llegar hasta allí.
 
 Al llegar al gran edificio, el Portero le saludó como si de un viejo amigo se tratase.
- Buenas Señor Olaus. Cuanto tiempo sin verle. Ya comenzaba a echarle de menos.
- Lo mismo digo, Señor  Pintor.
- Que tenga suerte ahí arriba…
- Gracias Pablo.
 
 Y la tuvo…. La burla que en otras ocasiones vislumbrase en sus ojos se había transformado en temor. Si, el temor del hombre siempre ayudaba en la financiación de las expediciones.
 
 
 
 

 
“El hombre gobierna donde ellos gobernaban,
Los antiguos Amos volverán a gobernar la tierra”
 

 
 
El viaje hasta la Ciudad de Butan en el Tibet, se había hecho mas largo de lo que cabria esperar. El mal tiempo, había retardado los vuelos, el transporte por carretera también estaba siendo dificultoso y algunas líneas de tren estaban fuera de servicio debido a la cantidad de nieve que  bloqueaba las vías.
 
Olaus no quiso perder tiempo y  desoyendo las advertencias de los lugareños  se adentró, a pie  en la última parte de su camino.  No muy lejos de aquella ciudad se encontraba un pequeño lago congelado, bordeado por una línea semicircular de cordillera que hacía del lugar un perfecto escondite. En la historia de aquel País, muchos eran los que habían utilizado sus cavernas como  madrigueras en las que esquivar  una muerte segura a manos del poder. Pero ninguno sabía que en aquel lugar se escondía un poder mucho mayor que el que ostentaban aquellos a los que temían.
 
 
Bien pasada la media noche, llego Olaus a su destino. No era la primera vez que estaba allí y aún así le costó  encontrar la gruta, parcialmente ocultada por la nieve. Tenía las manos entumecidas por el frío, un  frío que se colaba por sus fosas nasales reptando, como si tuviese vida propia, hasta golpear con dureza su pecho.
 
 No podía desfallecer ahora. Sacó una pequeña pala de la mochila en la que llevaba su equipo básico y comenzó a sacar la nieve que interrumpía su paso. Cuando terminó de  cavar lo suficiente para hacer una pequeña apertura que le llevase al interior de la montaña se preguntó si aquella espesa niebla ya estaba a su llegada. No recordaba la sensación de no ver un palmo más allá de su cara.
 
Una vez dentro, prendió un pequeño fuego para calentarse un poco de sopa deshidratada. Se cambió de ropa, sintiéndose menos entumecido y se dispuso a descansar unas horas antes de comenzar el ritual. Necesitaba  tener la mente y el cuerpo en   estado de lucidez, por lo que pudiera pasar.
 
 

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- ¡Chssssss!, está dormido - Thorey giró  el rostro hacia las demás con el dedo índice sellando sus labios. Llevaban horas tras el humano, siguiendo su pista sin dejarse ver. El poder atrae al poder y Olaus Wormius no había tenido en cuenta  que las  Fuerzas desatadas irían tras las huellas que había estado dejando a lo largo de los años.
 
- He aquí al loco invocador. Nuestro Padre y sus informadores tenían razón. Veamos que tiene en su poder. Solo así sabremos que desea despertar- Sigrum hablaba mientras husmeaba entre las pertenencias de Wormius.  Dentro de la mochila un montón de papeles enrollados y atados con un fino cordón de cuero aparecieron entre las manos de la Valquiria.
 
Yvette, observaba a sus compañeras custodiando la entrada de la caverna. Las pequeñas llamas de la hoguera de Olaus se reflejaban en sus cabellos  rojizos haciendo que estos cobrasen vida. La mano derecha aferrada a la cuerda del arco,  que llevaba cruzado a la espalda, jugaba a destensar y tensar la fibra sobre su torso.
 
- Déjame ver Sigrum- Brenna se acerco a la rubia guerrera- creo que aún puedo leer los antiguos símbolos.
 
Thorey y Sigrum esperaron pacientes a que Brenna revisara los pergaminos. Cuando su voz se volvió a escuchar  lo hizo a través de un pequeño susurro.
 
- Byakhee. Esta criatura servirá fielmente a quien le invoque. Es un ser alado, bastante rápido en la superficie terrestre. Aquí dice que para convocarlo hace falta un silbato de hierro y plata procedentes de un meteorito.
 
-El invocador debe de tener el silbato… hay que encontrarlo - Thorey se acercó al dormido Olaus. Este se removió en su lecho. Parecía que no tendrían mucho más tiempo antes de que despertase.
 
- Veamos - continuó Brenna -  el ritual tardará  en tener éxito casi 24 horas. Creo que tenemos tiempo en pensar en cómo actuar.
 
- Deberíamos  atar a ese Baykhee - dijo Yvette casi sin dejar terminar de hablar  Brenna -  Que sirva a los intereses de nuestro Padre.
 
- Deberíamos, sin duda - apoyó Sigrum - ¿cómo atar a una criatura así? Quizás Frigg pueda tejer una red lo suficientemente grande, lo suficientemente fuerte. Thorey e Yvette os quedareis custodiando a la pieza fundamental del ritual, El invocador. Yo iré junto a Brenna  a buscar a Frigg. Puede incluso que si la llamamos venga en nuestra búsqueda.
 
 
- Chissssss, se despierta… a esconderse.
 
 
 
Olaus despertó tiritando, el fuego había comenzado a extinguirse y sus sueños no le habían propiciado un buen descanso.  Son los nervios de estar tan cerca de poseerle, se decía así mismo mientras resoplaban los brasas y echaba al fuego  unas pastillas de madera concentrada. Solo un poco mas  de calor y comenzaría los preparativos.
 
Buscó el plano y las instrucciones  del culto que tenía de llevar acabo y los contempló con pasmosa lentitud. Tras ello, palpó  el silbato que llevaba colgado al cuello y la piedra que guardaba en su bolsillo y salio con una improvisada antorcha a la intemperie.
 
Había dejado de nevar, pero el frío viento no daba tregua. Con la brújula, se orientó, para así ubicar  el altar alineado con Aldebarán, la estrella más brillante de la constelación de Tauro.  Con las manos semi congeladas buscó las piedras necesarias para construir el portal en forma de uve. Una vez terminada la tarea volvió a la cueva, buscó un poco de la sopa que aun estaba posada sobre las brasas y se calentó el cuerpo a sorbos.
 
 
La hora había llegado. Yvette y Thorey, lo podían advertir desde el lugar en el que estaban escondidas.  El invocador había cambiado sus ropas y salía  de la gruta con varios objetos en las manos, entre ellos una botella de  un líquido verde y humeante.  Ambas esperaban que sus compañeras no tardasen en volver  y lo hiciesen con aquello que necesitaban. Aun no percibían  su vuelta.
 
 
 
 Sigrum y Brenna habían contado con la ayuda de  Skadi en la búsqueda de Frigg. La gran Dama Valquiria solía estar  siempre pendiente de sus chicas, casi como una madre  lo estaría de sus cachorros y había salido  en su búsqueda  cuando presintió que necesitaban ayuda.
 
   Frigg tenía justo lo que las guerreras necesitaban. Las Valkirias, sin perder tiempo, emprendieron la vuelta. Skadi las acompañaba, se unía a la batalla.
 
Cuando llegaron al lago helado, escucharon la voz ronca de Olaus  como si surgiese de las mismísimas entrañas de la tierra.
 

Es mi voluntada invocar al horror alado.
Es mi voluntad que me sirva fiel y dócilmente.
A ti, te invoco Byakhee
A tus mandíbulas despiadadas,
A tus sádicas garras.
Yo que soy seguidor del Innombrable.

 
El invocador  hizo sonar  entonces tres veces el silbato y continúo con su liturgia.

 
Es mi voluntad traerte  de nuevo a este mundo.
Es mi voluntad  atarte a mí.
A ti te invoco demonio alado
Y con Ello invoco tu poder
Yo que soy seguidor del Innombrable.
 

 
De nuevo volvió a hacer sonar el silbato y tras ello derramo el contenido verde de la botella, sobre un cuenco situado en el  vértice de la uve de piedra.  El humo verde teñía como por arte de magia la niebla alrededor del altar.   
 
Dos veces mas se escucharon las palabras de Olaus y cuatro veces más  el desgarrador sonido de aquel silbato. Las Valkirias  protegían sus oídos, cubriéndoselos con las manos y aún así persistían en ellos una vez finalizo el silbido.
 
 A una señal de Skadi, todas se prepararon. El plan  ya había sido trazado. EL último toque de silbato, lo llevaría a cabo Thorey. Con ello esperaban que la criatura, se rindiese a la valquiria, aunque era de esperar que para nada fuese  una rendición dócil.  Las demás tenían su papel asignado. Sigrum Ataría al invocador. Yvette, Brenna y Skadi  apresarían con la red al engendro.
 
 
Olaus no advirtió la presencia  de las mujeres hasta que Sigrum lanzándose sobre El lo apresó, mientras Thorey le arrebataba el silbato. Fueron las palabras de Esta  las que ocuparon el espacio, fueron sus labios los que se posaron sobre el frío metal y lanzaron de nuevo un atroz silbido al aire.
 
Y el Byakhee  apareció.
 
Aquella especie de insecto gigante, similar a un  humanoide alado con un rostro espantoso, dotado  de dos armas mortíferas en sus extremidades anteriores, se presentó dejando una brillante estela en el cielo a su paso. Los gritos que profería eran como cuchillos que se clavaban en los tímpanos de quien los escuchaba.
 
La criatura se lanzó hacia Thorey. No era fácil adivinar sus intenciones y más aún cuando Olaus chillaba como un loco poseído que El era su amo.
 
- ¡Hazlo callar! - fue Skadi la que dio la orden.
 
 La mano de Sigrum cerró con fuerza la bocaza del hombre y fue entonces cuando Thorey hizo sonar de nuevo el silbato y recitó los versos aprendidos.

 
 
Es mi voluntada invocar al horror alado.
Es mi voluntad que me sirva fiel y dócilmente.
A ti, te invoco Byakhee
A tus mandíbulas despiadadas,
A tus sádicas garras.
Yo que soy  hija de Odín
 
Es mi voluntad traerte  de nuevo a este mundo.
Es mi voluntad  atarte a mí.
A ti te invoco demonio alado
Y con Ello invoco tu poder
Soy Thorey, hija de Odín.

 
 
Fue necesario combatir y enredar al Byakhee. Necesarias las monturas, espadas y flechas. Las palabras de Thorey  no tuvieron el resultado esperado. Quizás  si Odín permitía el sacrificio de Olaus, la criatura consintiese  el mandato de su nueva ama.