Creación, Renovación, Destrucción

Autor : Franky Lara

Ilustradora: Aisha Ullah

El estanque de cristalinas aguas permanecía inalterable como lo había estado durante los últimos miles de años. Paz, calma, harmonía, todo era uno y uno lo era todo.  El Brahman con sus mil caras flotaba en el aire a escasos centímetros de una enorme flor de loto, con los tobillos bajo las rodillas en una postura perfecta denominada igual que la flor acuática.
"Algo va a suceder".
El pensamiento fue acompañado de dos notables cambios en el lago, una de las caras del Brahman, la que tenía forma de elefante, abrió los ojos en el mismo instante que una solitaria gota de lluvia rompía la serenidad del estanque, provocando una gran onda que fue haciéndose mayor y mayor hasta alcanzar a la flor de loto; este hecho a su vez provocó que las cuatro caras centrales del Brahman, las que eran de color rojo y lucían blancas barbas, también abriesen sus parpados.
"Lo que va a suceder ya ha sucedido antes y volverá a pasar, nada podemos hacer, mantened la calma, relajaos."
Pero otra gota de lluvia cayó alterando las cristalinas aguas, dos caras idénticas salvo por el color de su piel, una morena y la otra azulada, abrieron sus ojos y contemplaron la oscuridad que se estaba formando en el embalse.
“Nos necesitan, nos están llamando."
"Es hora de acudir, es hora de destruir"
Este último pensamiento hizo relamerse al rostro azul. De la creciente oscuridad empezó a oírse un lejano cántico, una olvidada plegaria.  Una a una, todas las caras del Brahman fueron abriendo los ojos mientras en el estanque empezaba a diluviar.  Negras nubes de tormenta se cernieron sobre el idílico paraíso y un relámpago cayó sobre el mismísimo centro del vórtice.

"Han abierto el portal."
"Si lo han abierto, pero volverá a cerrarse, debéis relajaros."
"Deben de necesitarnos mucho"
Desde el centro de la negrura formada en las agitadas aguas, una imagen comienza a materializarse, un anciano postrado en el suelo en total sumisión, un chico joven cogido de la mano por...
"¿Es ella?"
"Si, es ella, la pelirroja del búho".
"Escucha, nos está llamando"
"¿Debemos acudir?"
"Tendríamos que renunciar a todo."
Los pensamientos se agolpan y se superponen unos a otros, mil silenciosas voces hablando a la vez mientras la tormenta ruge. Finalmente el Brahman deshace su posición y se posa de pie sobre la delicada flor de loto terriblemente agitada por las olas del estanque.

-Volveremos.- Es la primera palabra que se pronuncia en miles de años, la dice una sola voz que son muchas, es la de todos. También es la última palabra que pronuncia el Brahman, después de eso desaparece un instante y reaparece fragmentado, pero ya no es él. Uno a uno, Shiva, Vishnu, Brahma y los demás atraviesan el portal.
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El silencio es total, una de las mayores ciudades del mundo, un auténtico hormiguero humano, más de catorce millones de personas y todas quedan mudas. Así se encuentran Bombay los dioses hindús cuando atraviesan el portal del Arco del Triunfo: respeto, admiración, veneración; la noche ya esta avanzada, pero aun así la noticia se extiende inmediatamente y las gentes salen a la calle sólo para caer postradas de rodillas en sumisión total.
Cuando el vórtice se cierra, un gran aplauso multitudinario da la bienvenida a los atlantes, las esperanzas y sueños de millones de creyentes se han hecho realidad.  Lamentablemente no hay momento para ceremonias ni celebraciones, ya lo habrá cuando venzan a los primigenios; los demás panteones les han convocado porque la batalla es inminente y el tiempo apremia, deben acudir.  Con Vishnu encabezando la marcha se dirigen hacia el puerto entre los vítores del gentío.
Las aguas empiezan a hervir ante la proximidad de los dioses cuando estos arriban a la costa, Vishnu ha convocado a su sirviente más leal y este acude a su llamada desde las profundidades del océano. Una colosal serpiente blanca de mayor tamaño que los cruceros atracados en el puerto emerge de las aguas.

  • Ananta Shesha, necesitamos tu ayuda, vieja amiga.-Las palabras de Vishnu son oídas por las diecinueve cabezas de la reina de las nagas-. Llévanos a Lemuria.

El panteón al completo embarca hacia la guerra con decisión, sólo Mumbadevi mira atrás, hacia las luces de Bombay que se van perdiendo en la distancia.

-Regresaremos.-Le promete Brahma a la diosa-. Cuando expulsemos a los Primigenios de Lemuria, regresaremos.Mumbadevi sonríe a las cuatro cabezas del dios de la creación y empieza un cántico, un antiguo mantra que se compuso hace miles de años con una versión para cada familia atlante.

-Los hindús somos maestros de la meditación.Controlamos el ciclo de la reencarnación.Ascetas eruditos y videntes sin par.- Mumbadevi guarda silencio durante un segundo y finalmente lanza el ultimo verso, acompañada por el resto de dioses-. La Atlántida es nuestro hogar.Esta melodía se repite una y otra vez durante días hasta que próximos a las costas de la Atlántida, una figura sale de las aguas para deslizarse sobre su larga cola de serpiente a la altura de Ananta Shesha.

-Hermosa Vinata, te saludamos.-Es la bienvenida de Kubera a la mujer serpiente.-¿Nos acompañareis tú y tu hermana a la batalla junto con todas sus hijas?

-No diosss del norte, vengo sssola.- Son las escuetas palabras de la naga antes de volver a sumergirse.
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El regreso transcurre en absoluto silencio.  Vinata surca el océano seguida de la gran Ananta Shesha.   Parvati llora desconsolada en la proa de la enorme naga; a un lado Durga, con el sari destrozado, aprieta los puños llenos de sangre, al otro lado Kali limpia con su cuchillo los restos de carne primigenia adheridos a las calaveras de su collar. Los hindús habían llegado en mitad de la batalla, habían reforzado las líneas del resto de panteones, habían curado a los heridos, habían luchado con valor, habían perdido. 
- ¡¡¡¡Noooooooooh!!!!-El desgarrador grito de Mumbadevi saca a Parvati de su ensoñación, frente a ella se alza la costa de Bombay, o lo que queda de ella.  No han dejado piedra sobre piedra, catorce millones de almas silenciadas para siempre, quién sabe cuántas en toda la India, quién sabe cuántas en todo el