Caminos Paralelos III - Decisiones y Recuerdos

DE : Ivorwen
Ilustración de : Marc Simó

Y entonces fue Thot, el sabio, el que tomó la palabra y su mirada se centraba en el azteca Huitzilopoctli, habían estudiado juntos y tenía la esperanza que lo apoyara:

Thot: Debéis hacer un esfuerzo por recordar, mis viajes y entrenamiento en la meditación me han permitido ir recobrando fragmentos. Sé que han pasado milenios pero no todos podéis haber olvidado todo. Nuestra ciudad, el ataque, de donde obtuvimos la tecnología. No todos nacimos Atlantes, algunos erais humanos y cambiasteis después de nacer.

El azteca se estremeció, todo era cierto, lo presentía. Le había atemorizado pensar que no sólo hubiera estado desvariando en visiones y sueños y, finalmente, todo eso era verdad.

La sorpresa arrugaba el ceño de Odín y los nudillos de Zeus apretaban la taza de té dejándolos blanquecinos.

Ra: Decidme que no tenéis sueños o visiones. De una ciudad arrasada por monstruos. Huitzilopoctli tú sabes que lo que hablo es cierto. Si no, para que ibas a hacer crear esas pirámides a tus seguidores durante siglos y siglos. Sabemos que con ellas defendimos la ciudad de los invasores. Pero algo hicimos mal y nuestra ciudad fue destruida. Tuvimos que emigrar pero logramos expulsarlos… creímos que para siempre pero no fue así.

Loki se puso en pie y levantando una mano con la suavidad y el carácter ladino que lo caracterizaba pidió la palabra, Amaterasu asintió.

Loki: ¿Estáis diciendo que ya pasamos por esto? ¿Que éramos vecinos de una misma ciudad? Que la defendimos de algunos invasores luchando juntos y nuestra ciudad sucumbió y emigramos dispersándonos… y ¿Quién eran esos invasores y qué ciudad era esa?

Odín tuvo una visión y gritó.

Odín: ¡La Atlántida! ¡Lo recuerdo! Mi familia era la mejor armería de los ejércitos, una tecnología de armas como jamás el mundo había conocido.

Ra fue el que asintió esta vez.

Ra: Vais recordando. Tú, Odín, tenias la tecnología armamentística. Nadie había como Hefesto aprendiendo de los manuscritos que encontramos en las forjas. Tú, Zeus, eras el mayor estratega en tácticas bélicas, pasabas horas estudiando aquellos libros junto a tu hermano. Amaterasu, tú y los tuyos estudiabais el tiempo y la medicina de ahí que consiguiéramos la vida eterna. Todos sabíais de nuestro trabajo con la creación de vida después de la muerte y criaturas.

Huitzilopoctli: Nosotros junto a los tuyos, Ra, nos encargábamos de canalizar el poder. Thot, tú fuiste mi hermano en los laboratorios y experimentos, acabamos con la enfermedad y con las debilidades, hicimos una raza superior, más fuerte. Si tienes razón todos esos libros encontrados por nuestros antepasados fueron estudiados y analizados y avanzamos en unos pocos cientos de años más que la humanidad en milenios.

Musubi, que hasta ahora no había sino mirado los posos de té en su vaso habló casi en un susurro.

Musubi: Entonces ellos llegaron reclamando su ciudad y su tecnología. La habían dejado allí para que creciéramos. Si no, no habríamos sido rivales divertidos para ellos. Vinieron arrasando y reclamaron su ciudad primigenia. La llamaban R’lyeh.

Kurami puso una mano en el hombro del que consideraba su hermano.

Kurami: Entonces empezó la guerra. Intentamos defendernos pero su poder era inmenso. Y en un alarde de estrategia usamos las pirámides y el metal estelar para expulsarlos.

Atenea: Pero algo hicimos mal, los cimientos de la ciudad no aguantaron y todo se hundió. Miles de los nuestros murieron. Y tuvimos que huir buscando nuevas tierras en firme y no bajo el mar.

Bastet: Prometimos ayudar a la humanidad a evolucionar y protegerse por si volvían, pero lo olvidamos, caímos en el olvido y no hemos hecho nada.

Una lágrima caía por la mejilla de Trisha. Ella y Pak no habían mediado palabra pero todo iba encajando. Y Amaterasu había tenido la amabilidad de ir proyectando imágenes en su mente para que comprendieran lo que el resto de Dioses estaban explicando.

Quetzalcóatl: Y ahora están despertando algunos bajo nuestras Tierras y Mares, otros vienen en camino. Hicimos un calendario para calcular su vuelta… no nos equivocamos.

Loki empezaba a encajar las piezas. Su misterioso Mr. M, estaba tramando algo. Su organización, LA ORDEN, seguro que sabían de la vuelta. Igual estaban en contacto con ellos tenía que averiguar todo lo posible. Y luego decidiría sus intereses.

Amaterasu se puso en pie.

Amaterasu: Tenemos que unirnos contra ellos. Debemos volver a vencerlos si es que tenemos posibilidad. Necesitamos organizarnos. Reunir todo el metal estelar posible. Sé que muchos tenéis cantidades bajo vuestros templos, pirámides o como deseéis llamarlos. Sé que otros forjasteis talismanes y objetos místicos con ellos. Debemos unir nuestras armas y defender a la humanidad de La Invasión Primigenia.

El resto de la reunión fue para repartir tareas y decidir cómo se comunicarían y como lo explicarían al resto de sus Panteones.

Pidieron no alarmar a la humanidad con la invasión pero si intentar que los principales líderes supieran y prepararan planes de evacuación de ciudades pues algunas podrían resultar atacadas en breve.

La sensación de la habitación era demasiado fría. Trisha tenía la piel helada. El monje Pak entendió a que se dedicaba su orden por fin. La orden de la que fue expulsado por sus pensamientos y toda la información que iba encontrando. Los portales que intentaban abrir. Los símbolos el lenguaje antiguo ahora todo tenía sentido.

Acordaron no guardar secretos, explicar todo lo que pudieran conocer para de nuevo tomar las decisiones más acertadas. Recontarían sus recursos y los pondrían al servicio de la humanidad. Hasta Zeus bromeaba con Odín al final de la reunión sobre sus músculos oxidados y lo que les hacía falta una Gran Batalla de nuevo.

Mientras salían de la habitación Amaterasu suspiraba por lo sorprendida que estaba de que todos hubieran prestado al 100% sus recursos y nadie había negado la evidencia de que algo pasaba. La realidad sería diferente seguro que los recelos de las familias le traerían problemas. Pero ya los solucionaría conforme fueran surgiendo. Tenía a su hermano Ra para ayudarla.

Se acercó al Dios del Trueno con delicadeza y disimulo y llevándolo por un pasillo a uno de los jardines del templo, comenzaron un paseo entre los lagos de carpas.

Amaterasu: Zeus, necesito hablar contigo algo más.

Zeus: Dime Sol, qué es lo que necesitas.

Amaterasu: Recuerdo que todos forjamos la unión del metal estelar y creamos el arma que potenciaba cada una de las ramas del conocimiento. Yo tengo el espejo del tiempo. Huitzilopoctli tenía la espada Colibrí como él la llamaba, Ra tiene su ojo… se que teníais el vellocino dorado. Tenemos que recuperar estos objetos y protegerlos, nos harán mucho bien si comienza la batalla. No sé si los otros Padres conservan alguno aún o la humanidad los ha robado. Pediré a mis ashigarus que los encuentren y sean puestos a salvo. Luego forjamos los talismanes, el del fuego aun lo conservo, otros andan perdidos. Espero no hayan caído en malas manos. Pero tu talismán se quebró.

Zeus: Sí, aquella monstruosidad se lo trago en sus fauces y apenas le dañó. Tengo esa imagen en mi mente como si fuera ayer. Mil veces desperté a Hera con la misma pesadilla. Ahora tengo la certeza que fue real.

Amaterasu: El talismán del trueno debe ser forjado de nuevo. Y solo tú puedes hacerlo. Confío en ti para ello. Sabes que es necesario. No expliques a los demás dónde vas. Marcha, te lo ruego no te llevará demasiado tiempo.